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viernes, 24 de junio de 2016

Si te dicen que caí

Hace unos meses anuncié que había dejado de fumar. Me duró unas semanas el intento, hasta que un contratiempo me sacó de mis casillas (eran unas casillas pequeñitas) y caí de nuevo en las garras de los vendedores de humo. Luego, hace ahora 27 días, decidí no irme más a por tabaco, no abandonarme más a mí misma y a ver qué tal (por cierto, esto es algo que todos los fumadores deberían saber: se pueden hacer tantos intentos como se quiera, no es como un concurso de la tele. De hecho es al revés: sólo quedas eliminado si no lo intentas). 


La verdad es que no es fácil. Tampoco dificilísimo. Se parece mucho a subir una montaña avanzando por una arista. A cada paso, puede que te caigas; pero también puede que no pase nada y, de ser así, cada vez estás más arriba y la vista es más bonita, los pulmones se ensanchan, los músculos se fortalecen. Sólo que no puedes pararte. Y a veces es agotador y a veces te despeñarías tú sola para no tener que soportarlo. Pero se pasa.
Claro que, a medida que trascurren los días y la fuerza del hábito va remitiendo, lo peor ya no es estar triste y de mal humor; lo peor es no puedes hacer nada productivo con esos sentimientos. Escribir, por ejemplo, el cielo está estrellado y tiritan, azules, los astros a lo lejos....me parece ahora mismo una proeza sólo al alcance de un fumador de puros empedernido. Todo lo que implique un mínimo de concentración y de situarme en las acostumbradas rutinas de escritura es $%&/*Ç!!! ¡Un paso de montaña muy difícil!

En uno de esos foros de internet que ahora visito para reafirmarme en mi decisión, leí un artículo ya antiguo en el  que Juan Marsé contaba que le costó mucho ponerse a escribir tras dejar de fumar. Pasaron tres meses, un ciclo estacional completo, antes de que fuera capaz de trabajar de nuevo. De sus palabras deduzco que fue perseverante y se permitió a sí mismo esperar. La mayoría no nos lo consentimos y recaemos en el vicio porque sentirnos tan poco inspirados y ocurrentes nos resulta muy duro. Y eso a pesar de que no somos Marsé y de que si no escribimos no hay un Pijoaparte que nos eche en falta. Pero incluso un talento pequeñito, si no se ejercita, causa un malestar grande. Un vacío. 


Y esto me remite a uno de los libros que me compré poco antes de acometer mi segundo intento de subir el Everest. Se titula Vacío, precisamente, y es de la omnipresente Anna Llenas (conste que no me molesta ver su obra en todas partes, al contrario; pero me temo que no entiendo por qué unos autores buenos tienen mayor predicamento que otros aproximadamente igual de buenos. Si hay un editor en la sala que me lo explique). 

Vacío (Barbara Fiore Editora, 2015) describe lo que puede ocurrir cuándo tu mundo se derrumba; cuando alguien o algo se va o se muere sin que tú estés preparado para ello. En esa tesitura, puede que trates de llenar el vacío con ilusiones y espejismos de cualquier índole. Vivimos en una sociedad que nos provee abundantemente de productos, substancias, metas y modelos con los tapar lo que sentimos y vivir distraidos. Pero, con un poco de suerte disfrazada de crisis, puede que un día nos desplomemos, hartos de todo, y, como hace la protagonista de este cuento, empecemos a buscar la felicidad por donde se debe. Lo cierto es que hay miles de cosas que nos entretienen y muchas de ellas, además, nos esclavizan en mayor o menor medida. Cuando leí el libro por primera vez fue como si alguien me dijera: el truco está en sentirse libre y que, además, sea verdad. 

Así que recomiendo la obra de Anna Llenas para grandes y chicos. Para fumadores pasados, presentes y futuros (¡no lo hagáis, chavales!), para comedores compulsivos y personas desquiciadas en general. Si alguna vez te has sentido como un donut con patas, éste es tu libro. 

Y nada más. Me voy con mi mono a otra parte. Estoy tan feliz ahora mismo de haber podido escribir todo esto.... En realidad, si no me asomo mucho por aquí es que todo va bien y sigo escalando. 


PD: Todas las ilustraciones de Vacío están tomadas de la web de Anna Llenas, donde podéis encontrar también una sección muy interesante de recursos gratuitos para trabajar el libro (descargables en PDF),  para crear a partir de él y profundizar en el significado.

domingo, 30 de agosto de 2015

El taller de las mariposas

"Ten paciencia con todo lo que siga sin resolverse en tu corazón. Intenta amar las propias preguntas, como habitaciones cerradas y como libros escritos en un idioma extranjero. Si vives en la pregunta, tal vez algún día, de forma paulatina, sin siquiera darte cuenta, sentirás la respuesta."
 
 
Se acaba agosto...¡qué penita!. Aunque tengo que reconocer que el calor de estos meses de verano no es lo mío, siempre me da vértigo pensar en lo rápido que pasan las vacaciones y lo poco que siento que me han cundido. Me gustaría haber leído y escrito mucho más, por ejemplo; pero es que hay días en los que, ni con todo el tiempo del mundo, soy capaz de concentrarme. Días y días en los que no se me ocurre nada o, si se me ocurre, no encuentro las palabras para expresarme.
A propósito de esto, hay un cuento para niños de Gioconda Belli que siempre me consuela. En español (la primera edición fue en alemán), se titula El taller de las mariposas. Su autora lo publicó en 1994 y Barbara Fiore lo reedita regularmente en España  (la última vez, el año pasado).
El taller de las mariposas trata acerca de Odaer y su grupo de amigos febrilmente creativos. Ellos se sienten muy frustrados por no poder dar vida a todas las cosas que se inventan, la mayoría de las cuales contradicen la armonía natural de la creación (¿os imagináis que los árboles cantaran?. Pues ellos, sí). Un día, la Anciana encargada de la Sabiduría, alarmada por las ocurrencias de estos chicos, decide castigarlos relegándolos al Taller de los Insectos, que es un lugar que los Diseñadores de Todas las Cosas consideran muy poco prestigioso. Allí Odaer y su pandilla de inadaptados no cejarán en su empeño de fusionar lo infusionable y, así, llegan a concebir seres insólitos y formidables como la Luciérnaga, el Escarabajo, la Abeja, el Saltamontes...Sin embargo, Odaer sigue insatisfecho, su sueño es muy ambicioso: diseñar una criatura que sea una mezcla entre un pájaro y una flor. 

Ilustración de Wolf Erlbruch para El Taller de las mariposas,

Odaer es terco, tiene un propósito y, al final, encontrará el golpe de inspiración que necesita. Pero eso sucede luego de charlas, vagabundeos y experimentos fallidos. Y es que así es como funciona. Lo intentas y lo vuelves a intentar y..., al cabo de un tiempo, donde hubo una oruga, aparece una mariposa. No se puede forzar, no es posible ir más deprisa. Sobre todo porque, si corremos demasiado, podemos perdernos la ocasión de incurrir en  errores que, definitivamente, vale la pena cometer.

PD: Os dejo un vídeo en el que las integrantes de Cuentos de Sobremesa (echadle un ojo a su pàgina-web, ¡tienen un proyecto muy interesenta entre manos!) presentan su versión de este libro con juegos, títeres y música en directo. Porque, como también (y tan bien) se nos explica en El Taller de las Mariposas, la creatividad de uno puede encender la creatividad de los demás.