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domingo, 21 de diciembre de 2014

Enciende la noche

Ilustración de Noemí Villamuza del álbum Encender la noche (Ed, Kóninos, 2005)
Imagen extraida de
http://www.tecnicolor.es/files/tag-noem00ed-villamuza.html


"Había una vez un niño al que no le gustaba la Noche.
Le gustaban las linternas
 y las lámparas
y las antorchas  y las farolas
y los faros y los resplandores
y las velas y los rayos
y los relámpagos.
Pero no le gustaba la Noche (...)
"


Un niño nictofóbico es el héroe de Encender la noche, el cuento que me gustaría recomendaros hoy que es la noche más larga del año.  Se trata de una narración escrita por Ray Bradbury -que ya sabéis que es un escritor que me encanta- y, en esta edición de Kóninos, está ilustrada por Noemí Villamuza, autora de unos dibujos siempre poéticos y muy hermosos.
Al protagonista de esta historia le da miedo quedarse a oscuras, pero siente el anhelo de jugar con otros niños en las noches de verano; ¿conseguirá realizar su deseo?. Lo ideal sería que lo averiguarais leyendo en la cama, pero si no disponéis de un ejemplar a mano, podéis ver este video (siempre y cuando apaguéis primero todas las luces):

 

Increíble, ¿no?. Todo lo que nos perdemos -los grillos, las ranas, las estrellas...- por no darle al interruptor de vez en cuando.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ahora todo un otoño...

"Ahora todo un otoño, un invierno blanco, una primavera fresca y verde para sacar las sumas y totales del verano pasado"  Ray Bradbury, El vino del estío (Ed. Minotauro, pág. 224).



Hace tiempo que no subo música al blog y se me ha ocurrido que estaría bien hacerlo hoy para celebrar el comienzo del otoño. He elegido un tema en francés, de Vanessa Paradis, porque me caen bien las personas que lucen orgullosas sus dientes separados (¡no es tan fácil!) y, además, la canción y el video me sirven para hablar de algo sobre lo que leí el otro día.  Lo que leí fue esto:
"La vida real se nos escapa a toda velocidad, minuto a minuto, y solamente a través de la fabulación adquirimos una posibilidad de consistencia. De ahí que sea muy delicado el asunto, porque esto concierne a todo hijo de vecino. ¿Qué quiere decir eso, que estamos todos abocados a la necesidad de ser artistas? En cierto modo, sí. Lo cual no implica que tengamos que ser líderes en el mercado del entretenimiento. Sino que, para sobrevivir, para recuperar el aliento, necesitamos un cierto proceso de fabulación. Y ese proceso es una tarea colectiva. Estamos metidos en ese lío. O asumimos la necesidad de participación en la construcción de la nueva fábula, del nuevo mito, o estamos perdidos. O la vida se nos va."
Esta declaración de Santiago Auserón, incluida en una conversación auspiciada por Josele Sangüesa y reproducida en el blog de éste último, supongo que alude a crear un nuevo mito colectivo que nos rescate de este presente histórico tan poco lustroso, lo cual, la verdad, estaría bien. Pero a mí me interesa, sobre todo, la idea de que es contándonos un cuento, fabulando lo que vivimos, como podemos "adquirir consistencia". Ya se sabe que estamos hechos de historias (Eduardo Galeano dixit) y que los cuentos que nos contamos a nosotros mismos acaban conformando nuestra identidad.
Sin embargo, no comparto plenamente la idea de que "la vida se nos va" cuando no la dotamos de sentido a través de un relato estructurado. Al contrario: puede que los eventos más profundos y significativos de nuestras vidas escapen a todo empeño de ordenarlos o puede que, al tratar de integrarlos en una secuencia lógica, pierdan mucho de eso que los hace tan valiosos.
Los cuentos clásicos empiezan con un sintagma verbal en pasado y así es como es posible narrar, a toro pasado. O también a  toro futuro, ficción pura. El presente, en cambio, es inaprensible. Si fuéramos capaces de vivirlo plenamente, nada podríamos decir sobre él o, como mucho, y como sucede en la canción interpretada por Vanessa Paradis, sería una lista inconexa de conceptos imprecisos (la traducción es mía): 

Están ahí la pintura, los pájaros, la envergadura luchando contra el viento.
Están ahí las fronteras, las distancias, tu porte cuando caminas justo delante.
Están ahí las grietas, cerradas las cerraduras, como en vuelo las cometas.
Está ahí la literatura, la falta de impulso, la inercia, el movimiento.
A veces, vemos las cosas así como son, preguntándonos por qué.
A veces, las vemos así como podrían ser, diciéndonos ¿por qué no?. (Estribillo)
Están ahí, ahí, ahí, si nos tomáramos el tiempo (2 veces).
Están ahí las fronteras, las distancias, tu porte cuando caminas justo delante.
(Estribillo)
Están ahí los misterios, el silencio o el mar luchando contra el tiempo.
Están ahí las fronteras, las distancias, tu porte cuando caminas justo delante.
Están ahí los murmullos, un suspiro, la aventura, como en vuelo las cometas.
Está ahí la literatura, la falta de impulso, la inercia, el movimiento.
(Estribillo)

Vivir así, sin saber de dónde venimos ni a dónde vamos, sólo conscientes del momento presente, sería un problema, claro. Pero tendría también sus ventajas y -creo-  nos liberaría de muchas cargas, entre ellas la de pensar que somos alguien con unas limitaciones bien definidas e insalvables. Del video de "Il y a", me gusta especialmente la imagen de un libro que se abre y se cierra por la primera página. Y, entre principio y final -o entre principio y principio-,  suceden esos pequeños destellos de realidad: una boda, una fiesta, alguien llega, alguien se aleja por un sendero. No lo entendemos, pero sucede y tiene su impacto. Sé que no podemos vivir siempre así, que venimos de una historia, pero propongo que este otoño hagamos un experimento: amar la trama, como canta Jorge Drexler, y no preocuparnos demasiado por entender, resumir y cotejar. Ser y dejar ser sin tanto comentario de texto, a ver qué pasa.

miércoles, 30 de abril de 2014

Walpurgis

“(...) La bruja estaba inquieta ahora, y olfateaba, jadeaba, arañaba y rasguñaba el aire, como si buscara algún dibujo en una superficie de cera. Volvió las manos, acercándolas como si Will fuera una pequeña estufa que ardía suavemente en algún sitio de ese mundo de los infiernos, y ella hubiera venido a calentarse las manos. Mientras la canastilla oscilaba como un alto péndulo, Will alcanzó a ver los ojos cosidos, las orejas musgosas, la boca de pasa de uva, pálida y arrugada, que momificaba el aire. La Bruja trataba ahora de averiguar qué escondía Will. Will era un niño demasiado bueno, demasiado agradable, demasiado raro, demasiado conveniente para ser verdad, y ella se daba cuenta (…)”.

Ray Bradbury, La feria de las Tinieblas, de. Minotauro, edición de 1991.
Ilustración extraída de http://sexywitch.wordpress.com/2011/06/25/tintype-witches-almost-1875/

Si yo fuera una bruja, esta madrugada celebraría una gran fiesta de fuego y rituales. No dormiría ni un segundo, me untaría el cuerpo con grasa de animales y bailaría con demonios encarnados. Pero soy profesora y la noche de este 30 de abril – que, en algunos países del centro y del norte de Europa, es tan mágica y llena de presagios-, simplemente me acostaré agotada y contenta por no tener que ir a trabajar mañana.
Así son las cosas. Aunque, no quiero dejar pasar la ocasión de conmemorar esta festividad porque, si algo he aprendido leyendo cuentos, es que tan importante como el héroe es su antagonista. De hecho, sin bruja, ogro o dragón, no hay héroe. Así que honremos hoy a esos seres feos y deformes, malvados y miserables, porque gracias a ellos hay una historia que contar. ¡Feliz Walpurgis, señoras brujas! ¡Buena noche de ritos salvajes!.

PD: Claro que -me acabo de dar cuenta- puede que, para algunos de mis alumnos, yo sea una auténtica bruja. ¡Vayamos a por la escoba entonces y amorticemos esa fama!.

jueves, 24 de octubre de 2013

Octubre

Hoy no voy a decir nada. Bueno, sólo una cosa: si algún día tengo un hijo, lo llamaré Ray Bradbury.

Fuente de la imagen: http://www.flickr.com/photos/rhilederman/8041265057/in/photostream/
 
PRÓLOGO
"En primer lugar, era octubre, un mes raro para los niños. En verdad, todos los meses son raros, de un modo o de otro. Pero los hay buenos y malos, como dicen los piratas. Setiembre, por ejemplo, es un mes malo: empiezan las clases. Pero agosto es bueno: las clases todavía no han empezado. Julio, bueno, julio es realmente estupendo: no hay ni rastros de clases. Junio, no hay ninguna duda, junio es el mejor de todos porque las puertas de la escuela se abren de par en par, y para setiembre falta un millón de años.
Pero consideremos octubre. Las clases han empezado hace un mes, y uno anda al trote corto, sin tirar de las riendas. (...). Y si se acerca el 20 de octubre y todo huele a humo y el cielo del crepúsculo es anaranjado y gris, parece que la fiesta de Todos los Santos no llegará nunca en lluvias de palos de escoba y aleteos de sábanas a la vuelta de la esquina.
Pero hubo un año raro, oscuro, largo, en el que la fiesta de Todos los Santos llegó antes de tiempo. Un año esa fiesta llegó el 24 de octubre, tres horas después de medianoche.
En ese entonces, Jim Nightshade, que vivía en Oak Street 97, tenía 13 años, once meses y veintitrés días; y William Halloway, que vivía en la casa de al lado, tenía trece años, once meses y veinticuatro días. Los dos rozaban ya los catorce años, casi les temblaban en las puntas de los dedos.
Y en esa misma semana de octubre crecieron durante la noche, y ya nunca más fueron jóvenes..." Ray Bradbury, La feria de las Tinieblas, Ed. Minotauro, 1991. 

PD: He dicho que no diría nada, pero...un principio de novela como éste, ¿es o no prometedor? Ya sé que hay gente a la que no le hace gracia que los yankis colonicen nuestro imaginario con sus fiestas de Halloween y sus aventuras de preadolescentes del Medio Oeste, pero Ray Bradbury, además de un escritor maravilloso -con gran capacidad narrativa y de un lirismo exquisito-, debería ser lectura recomendada para todos esos chavales que tras leer una novelita de Carlos Ruíz Zafón (que a mí no me gusta, pero a muchos de mis alumnos, sí), se quedan con ganas de más ferias tenebrosas y engendros mecánicos. A ellos podemos decirles que Bradbury garantiza sustos de primera calidad.

PD2:  Y, además, también podemos decirles que Ray es el escritor ideal para los amantes de los tatuajes, algo que no se puede decir de cualquiera.