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domingo, 14 de febrero de 2016

Fin'amor

“Tristan et Iseult” de Gaston Bussière (circa 1895)
"Entre tanto Tristán, Iseo y Governal se adentraron en el bosque salvaje. Durante un tiempo llevaron una vida errante, durmiendo en el suelo, cambiando cada noche de refugio. Tristán era un excelente arquero. (…) Un día, en sus correrías por el bosque, descubrieron un claro agradable y solitario. Tristán cortó ramas con su espada, Governal reunió el ramaje y construyeron dos cabañas que Iseo cubrió con hierbas y juncos. Cuando venía la noche, los amantes dormían el uno en los brazos del otro. A veces oían aullar a los lobos, otras la lluvia caía, en medio del rugido sobrecogedor del viento, de los relámpagos y de los truenos. No tenían tapices ni cojines ni ricas alfombras; dormían sobre esteras de juncos. Pero se amaban tanto que la presencia del uno hacía olvidar al otro el dolor. Su “fino amor” les hacía olvidar su dura condición de proscritos (…)"   Tristán e Iseo; Reconstrucción en lengua castellana e introducción de Alicia Yllera. Madrid, Ed. Alianza, 2000.




PD: Como cada año por estas fechas, han aparecido en el ciberespacio y más allá algunas listas de libros para  niños y jóvenes enamorados. Os enlazo ésta del blog de Adolfo Cordova, Linternas y bosques, del cual soy fan porque se nota que está hecho con mucho conocimiento y pasión desatada.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Solsticio de invierno

Aquí os dejo un poema y una canción  para hoy, con el deseo de que no se apague nuestra luz por muy larga, fría y oscura que se presente la noche.
 
"Firefly Night",  ilustración de Taeeun Yoo.
Luciérnagas
A las cinco de la tarde
Cuando el resplandor se queda sin brillo
Y el jardín se sumerge en el último hervor dorado del día
Oigo el grupo bullicioso de niños
Que salen a cazar luciérnagas.

Corriendo sobre el pasto
Se dispersan entre los arbustos,
Gritan su excitación, palpan su deslumbre
Se arma un círculo alrededor de la pequeña
Que muestra la encendida cuenca de sus manos
Titilando.

Antiguo oficio humano
Este de querer apagar la luz.

¿Te acordás de la última vez que creímos poder iluminar
la noche?


El tiempo nos ha vaciado de fulgor.
Pero la oscuridad
Sigue poblada de luciérnagas.


GIOCONDA BELLI


 

jueves, 26 de noviembre de 2015

Wild thing

Portada de Salvaje de Emily Hughes (Libros del Zorro Rojo, 2014)

“No se puede domar algo tan felizmente salvaje”. De esta manera termina el cuento del que quiero hablaros hoy. Es un spoiler muy grande, lo sé, pero se ve venir desde el principio. Todos lo sabemos: no se puede obviar eso que nos hace salvajemente felices. Podemos distraernos, desviarnos del camino, ceder a la presión, caer en la rutina...pero...pero, un día, o un rato de cada día, o un rato de vez en cuando, volvemos a conectar con esa porción de nosotros que es puro cuerpo y alegría. A mí me pasa, por ejemplo, cuando bailo. Deben de ser las endorfinas, pero se parece mucho a regresar a la parte buena de la infancia.

Salvaje (Libros del Zorro Rojo, 2014) es la primera obra de la joven autora hawaiana Emily Hughes; aunque, por sus ilustraciones y argumento, se diría un libro añejo, un libro un poco hippie publicado en los 60. No es una historia completamente nueva porque, en cierto modo, su planteamiento es similar a El libro de la selva; recuerda a Pigmalión en su progresión y a Tarzán de los monos en el desenlace, pero tiene mucho encanto. De hecho, en julio pasado fue galardonado con el que premio que el Gremi de Llibreters de Catalunya concede al mejor álbum ilustrado del año. 

Salvaje está recomendado para niños a partir de cinco años. Yo se lo recetaría también a todos los adultos que andan un poco apáticos y abrumados por las obligaciones. A los que, como le ocurre a la protagonista, llega un día en que se hartan. Es bueno recordar que lo salvaje  nos espera con los brazos abiertos.

Por otra parte, ésta es también una lectura aconsejable para reflexionar sobre cómo se siente alguien que no encaja en los estereotipos sociales, alguien "insoportable", alguien que hace cosas que alteran el orden y no acepta ninguna imposición. ¿Es eso positivo o negativo? ¿Podemos confiar en los procesos internos de esa persona o es mejor intervenir?. Surgidas en torno al relato y a las sugestivas imágenes que lo acompañan, aquí encontraréis algunas ideas interesantes al respecto. Y también, a propósito de esto, os enlazo la carta que una maestra canadiense dirigió a los padres de sus alumnos para hablarles de "ese chico" asalvajado que podía perjudicar al resto del grupo con su comportamiento. Es un tema que da para mucho.
 
Ilustración de Emily Hughes para Salvaje
 
PD: Para antes, durante y/o después de la lectura os enlazo Society, una de las canciones que Eddie Vedder interpretó para la película Hacia rutas salvajes (Into the wild) -Sean Penn, 2007-. Creo que puede añadir algunos matices.

martes, 17 de noviembre de 2015

Girar

 
"A partir de Estambul, el señor Ibrahim habló menos. Se emocionaba.
—Dentro de poco vamos a llegar al mar de donde yo soy.
Cada día quería que viajáramos un poco más despacio. Había que saborearlo todo. Tenía miedo, también.
—¿Y dónde está ese mar de donde es usted, señor Ibrahim? Enséñemelo en el mapa.
—¡Ay! No me atosigues con los mapas, Momó. ¡Aquí no estamos en el instituto!
Nos paramos en un pueblo de montaña.
—Estoy feliz, Momó. Estás conmigo y sé lo que pone en mi Corán. Ahora te quiero llevar a bailar.
—¿A bailar, señor Ibrahim?
— Ven, vamos al tekké.
—¿Al qué?

—¡Vaya discoteca más rara! —exclamé al atravesar el umbral.
—Un tekké no es una discoteca, es un monasterio. Momó, pon ahí los zapatos.
Y ahí fue donde vi, por primera vez, a hombres haciendo el giro derviche. Los derviches llevaban unas grandes túnicas pálidas, pesadas, amplias. Al resonar de un tambor, los monjes se convirtieron en peonzas.
 
— ¿Ves, Momó? Giran sobre sí mismos, giran en torno a su corazón, que es el lugar de la presencia de Dios. Es como una oración.
— ¿A eso le llama una oración usted?
— Pues claro, Momó. Pierden toda referencia terrenal, ese lastre al que llamamos equilibrio, y se convierten en unas antorchas que se consumen en un gran fuego. Pruébalo, Momó. Sígueme. 
 
Y el señor Ibrahim y yo nos pusimos a girar. 
 
Durante los primeros giros pensé: Soy feliz con el señor Ibrahim. Después, pensé: Ya no le tengo rencor a mi padre por haberse marchado. Al final, incluso llegué a pensar: Después de todo, mi madre no tenia mucho donde escoger cuando...
 
— ¿Qué tal, Momó, has sentido cosas bonitas?
— ¡Sí, era increíble! Me estaba vaciando de odio. Si los tambores no hubieran parado, quizá me habría ocupado del caso de mi madre. Ha molado mazo rezar así, señor Ibrahim, aunque habría preferido rezar con las zapatillas puestas. Cuanto más pesado se vuelve tu cuerpo, más ligera se vuelve la mente. 
 
A partir de ese día nos empezamos a parar con frecuencia para bailar en tekkés que conocía el señor Ibrahim. A veces él no giraba, se contentaba con tomarse un té y fruncir los ojos, pero yo giraba como un poseso. No, de hecho, giraba para estar un poco menos poseso de mi rabia (...). 
 
Y desde entonces, incluso hoy en día, cuando las cosas no van bien, hago el giro. Giro una mano hacia el cielo, y giro. Giro una mano hacia la tierra y giro. EI cielo gira por encima de mí. La tierra gira por debajo de mí. Yo ya no soy yo mismo sino uno de esos átomos que giran alrededor del vacío que es todo (...)".

Fragmento de Eric-Emmanuel Schmitt, El señor Ibrahim y las flores del Corán, Ediciones Obelisco, 2004 (3ª ed.). 

 
 

sábado, 31 de enero de 2015

Ese lobo feroz (y musical)

Con la experiencia aún reciente de mi último taller en Cuentoterapia (un taller sobre sexo en los cuentos bastante alejado de los tópicos), he decidido rescatar uno de los textos que escribí el verano pasado -cuando tenía tiempo para estas cosas mundanas-. Espero que os suene bien:

Ilustración de Xavière Devos
Hay un sinfín libros en los que se afirma que un deseo compartido por muchas mujeres es querer que venga un Príncipe Azul a rescatarlas. No creo que sea del todo cierto:  en mi círculo inmediato, mis amigas y yo misma preferimos que los príncipes sean de otros colores; o, si son pitufos, al menos que no sean príncipes, no vaya a ser que nos pidan que calcemos zapatos de cristal, con lo bien que se va en chanclas. En cambio, de lo que sí tengo testimonios fehacientes es de la atracción que sobre muchos varones ejerce Caperucita Roja, un fenómeno del que se habla menos pero que ha dado lugar a innumerables manifestaciones artísticas (y manifestaciones a secas también). Hoy quiero centrarme en las musicales -aunque aprovecho para recomendaros la película  En compañía de lobos, (Neil Jordan, 1984), si la encontráis en alguna parte-.

La historia de Caperucita, como todos los cuentos maravillosos -y a pesar de los esfuerzos recurrentes por simplificar el desarrollo y el significado del texto- presenta numerosos símbolos y lecturas posibles (véase El maravilloso mundo de los cuentos de hadas y su simbología, páginas 15 a 30). Sin embargo, la interpretación más común y evidente gira en torno a la menarquía y a las consecuencias que la llegada de la pubertad puede acarrear para una muchacha inexperta si ésta elige "el camino equivocado". Las canciones sobre Caperucita destinadas al público infantil respetan habitualmente esa intención didáctica. Un ejemplo de ello sería este tema , en francés, que explica el cuento en primera persona (no hay que pedirle mucho desde el punto de vista musical) o éste que la célebre cantante italiana Mina incluyó, en los años 70, en una colección de álbumes para niños.
Ilustración de Beatriz Martín Vidal
Pero cuando nos apartamos de lo estrictamente infantil, el foco de atención se desplaza y es fácil comprobar como abunda, sobre todo en el imaginario masculino, la identificación con el lobo. Ese pobre lobo feroz que, fiel a su naturaleza, sólo pretende devorar un pedazo de carne tierna.
En el panorama internacional, y sin ánimo de hacer un recuento exhaustivo, encontramos este tratamiento del asunto en, por ejemplo, Little Red Riding Hood de Sam the Sham and the Pharaohs, una banda fundada en 1963 por Domingo Samudio (Sam the Sham) -un autentico personaje, dicho sea de paso-. Con esta composición, el grupo obtuvo cierta notoriedad en 1966, hasta el punto de que, en su día, se hicieron adaptaciones en otros idiomas. La letra, como podéis verificar en el video, nos muestra a un lobo rendido a los encantos de Caperucita:
Hey there Little Red Riding Hood
You sure are looking good
You're everything that a big bad wolf could want.

En esos mismos años, en Francia, el cantante melódico C. Jêrome  se dio a conocer con Le petit chaperon rouge est mort (1967) , una canción sobre la melancolía que provoca el fin de la inocencia - representada por Caperucita, claro-. Y del mismo país, menos melodramática y más actual, es esta otra versión del cuento, en la que Yo (el cantante se llama así), simpatiza con el lobo y advierte en el estribillo de que las niñas ya no son ingenuas como solían ("Méfie-toi, méfie-toi, les filles petites rouges qu'on trouve dans les bois ne sont plus comme avant").
Incluso en japonés podemos encontrar un acercamiento musical al sufrido amor del lobo por la joven vestida de rojo en The Wolf that Fell in Love with Little Red Riding Hood , un tema pop que emociona  a los aficionados al manga.
Ilustración de Kasia Jackowska extraída de 
 http://www.jackowska.ch/little-red-riding-hood/
En la música en español, tenemos también varios lobos enamorados y/o rijosos. El primero que me viene a la cabeza es el Lobo López (1992) de Kiko Veneno. Es mi favorito: un lobo bueno que ha hecho propósito de enmienda (No puedes negarme/tu frasco de amor/He entrenado duro/Ahora estoy dispuesto/ a comerte mejor), aunque incapaz de comunicarse con su amada. Pero, antes, estuvo la Caperucita feroz  de La Orquesta Mondragón (1980) -"Hola, mi amor, yo soy el lobo, quiero tenerte cerca para oírte mejor"- que es la madre del invento, el origen de una saga en la que habría que terminar incluyendo Tú lo que quieres (es) que te coma el lobo (2013), de Papa Joe y Foncho,  una  pieza de reaggeton que ilustra bien la permanencia y evolución del arquetipo. 
Y por el camino (de agujas o alfileres), a mí me gustaría destacar Caperucita Roja del grupo Ilegales. No por nada, son muy brutos; pero considero que su acercamiento al tema, además de irreverente, es fiel al espíritu del relato original (me refiero al original anterior a Charles Perrault). Y, por otra parte, así aprovecho para dedicarle esta entrada a P., un antiguo compañero de trabajo -por lo demás, simpatiquísimo- que solía acercarse a los corrillos de profesoras canturreando otra canción de la banda; concretamente, ésa que dice: "Oye, tú, tú que me miras: ¿es que quieres servirme de comida?" (¿sería cosa del subconsciente lobuno?).

PD: Ya veis que Caperucita y el lobo, la abuela y el cazador forman un gran equipo en nuestro disco duro. Prueba de ello es el caudal enorme de versiones  de su historia que aún hoy se siguen publicando. Si os interesa, aquí encontraréis una selección muy completa y actualizada de las mejores. Para degustar entre aullidos y flores. 

lunes, 19 de enero de 2015

Ratón de campo

Ilustración de Helen Ward para El ratón de campo y el ratón de ciudad, Ed. Juventud, 2012

Aunque hace ya casi un mes que pasamos el solsticio de invierno, las noches son todavía largas y gélidas. Es lo que toca en este lado del mundo y me encanta. Tiempo atrás no me gustaba nada el invierno, pero, a medida que me hago mayor, más en sintonía me siento con el frío, la ropa de abrigo, las tardes en casa...Si llego a vieja con salud, creo que seré bastante feliz ejerciendo de anciana convencional, haciendo tareas domésticas y manteniendo animadas charlas con las plantas. Mi vieja interior -si tengo una niña interior, ¿por qué no voy a tener también una vieja adentro?- es tranquila y alegre y un poco vaga; no tiene prisa, no va a ninguna parte y se detiene a mirarlo todo como si nunca lo hubiera visto. Es una vieja invisible que está completamente viva y presente en el momento.
Esa anciana que me habita a ratos me trae a la memoria uno de mis cuentos favoritos de todos los tiempos: "El ratón de campo y el ratón de ciudad”. Imagino que conocéis la historia, porque es una fábula antiquísma que ya fue recogida por Esopo y también por La Fontaine y se ha difundido en todo tipo de versiones (por ejemplo, ésta en títeres de guante de Sesame Street). En la que yo leía de niña, los dos ratones eran primos y se visitaban mútuamente. Uno era un ratoncito de campo que vivía en el tronco de un árbol y pasaba sus días tranquilo, correteando y alimentándose de lo que pillaba por ahí. El otro vivía en una gran ciudad, en la mansión de unos señores, y su vida era lujosa y emocionante, aunque también peligrosa porque en la casa había un gato que amenazaba con comérselo cada dos por tres.
De ese cuento me encantaban las ilustraciones; algo que -supongo- les sigue ocurriendo a los niños pequeños de hoy en día cuando ven plasmado en un dibujo el juego de proporciones entre el mundo que ellos pueden abarcar y manipular y el mundo a tamaño adulto. Recuerdo, como si la estuviera viendo ahora, una escena en la que los dos animalitos, sentados sobre dedales, comían un pedazo de queso y un rodillo de hilo hacía las veces de mesa. Un ratón llevaba frac y sombrero de copa y el otro un atuendo sencillo de campesino.
Pero no se trataba sólo de las imágenes. Creo que si yo releía ese cuento una y otra vez era porque reflejaba un anhelo de viajar, de conocer realidades distintas, y también la intuición de que todos los finales felices son una vuelta a casa. Es necesario cruzar el umbral del hogar para aprender, para crecer. Y es una alegría, tiempo después, regresar; en un sentido amplio, regresar a lo que no se compra con dinero: paz de espíritu, saber quién eres y dejar de perseguir ser algo diferente.
Os dejo con una canción que habla de eso, porque, a lo mejor, no hace falta tener 90 años para sentirse ratón de campo y ser feliz con placeres asequibles:



PD: La Editorial Picarona ha publicado recientemente un cuento escrito por Bil Lep e ilustrado por David T. Wenzel, El rey de las pequeñas cosas, que abunda en este asunto. Os lo recomiendo, así como realizar las actividades que, a partir de esta lectura, proponen en el blog Biblioabrazo -un (pequeño) divertimento para niños chicos y grandes que nos puede ayudar a redimensionar-.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Érase 365 veces...

Hace semanas que tenía lista mi felicitación de Año Nuevo. Todo estaba preparado (la imagen, el texto, la música) y mi intención era publicarla el 28 de diciembre porque hablaba de la inocencia y de cómo es importante empezar las cosas sin mala intención ni prejuicios ni expectativas desorbitadas. Empezar siendo inocentes. Pero, ¡hélas!, el post se me borró enterito la noche anterior y he tenido que improvisar. Esta inocentada (y, sobre todo, mi torpeza) me han dado un margen para repensar. Y, además, en el entretiempo, he visto este video con escenas no incluidas en el corto “Early Days”, en el que aparece Paul McCartney tocando la guitarra y cantando en una jam improvisada con jóvenes y veteranos bluesman, algunos profesionales y otros amateurs, como Johnny Depp. Y ahí he encontrado algo que no había tenido en cuenta al escribir mi felicitación original y es que hace falta mucho, un montón, tal vez toda la vida, para volver a ser inocentes. Esa inocencia final, destilada, es luminosa aunque sus raíces sean oscuras y no eludan la pena, las pérdidas y los dolores acumulados. De ahí sale una música espiritual aunque le cante a las cosas más mundanas. Así que voy a cambiar un poco mi mensaje: no os que deseo que entréis en el 2015 cándidos cual Caperucita en el bosque, porque eso quizá no sea posible (¡todavía!).  Os deseo que comencéis el año con toda vuestra sabiduría almacenada y con vocación de asombro. Y, por supuesto, si recibimos una pequeña ayudita de nuestra hada madrina, mejor que mejor.  


Imagen extraída de http://fairyillustrations.tumblr.com/post/30653347422

viernes, 31 de octubre de 2014

Estirar la pata

Ilustración de Babette Cole para Estirar la pata o cómo envejecemos  
extraída de
http://www.lagallinapintadita.com/2014/09/hoy-leemos-estirar-la-pata-o-como.html
Escribir e ilustrar una obra sobre la muerte destinada al público infantil no es fácil porque los adultos no sabemos nada relevante sobre el tema, no comprendemos cómo funciona exactamente, salvo que puede suceder sorpresivamente o no y que es ineludible. Y eso es, más o menos, lo mismo que entendimos cuando supimos de ella por primera vez, así que es uno de los pocos asuntos en los que un autor de libros infantiles no tiene apenas ninguna ventaja con respecto a los lectores. Por mucho que se documente, y aunque opte por llevar a cabo sesiones de espiritismo, cualquier cosa que diga al respecto no dejará de tener carácter exploratorio. La muerte es un gran misterio y es de agradecer que, de un tiempo a esta parte, proliferen obras que honran dicho misterio y tratan de ofrecer algún consuelo sin caer necesariamente en el tópico del “ahora-el-abuelo-vive-en-una-estrella”. Recomiendo a este respecto La caricia de la mariposa (Ed. Kalandraka, 2008), un cuento delicado y hermoso de Christian Voltz, quien también ha realizado los collages con materiales reciclados que lo ilustran. Veréis que la historia es emocionante y tierna y pone de relieve nuestra bendita incapacidad de aceptar que quien amamos se vaya para siempre.

Ilustración de Christian Voltz para La caricia de la mariposa
Pero, sobre todo, en memoria de Javi, mi padrino, que se fue hace unos años cuando aún era joven, me gustaría sugeriros la lectura de un cuento que me parece muy gracioso (Javi tenía un sentido del humor que todavía me hace reír ahora cuando recuerdo conversaciones que mantuvimos, así que nada de ponerse muy solemnes ni melancólicos). La obra, en castellano, se titula Estirar la pata o cómo envejecemos (Ediciones Destino, 1996) y su autora es Babette Cole. El argumento desarrolla la respuesta que dos abuelos que han aprendido a reírse de sí mismos dan a sus nietos cuando éstos les preguntan por su obvia decrepitud. Leedlo, os gustará. Es ligero, es divertido; el texto está lleno de ocurrencias y las ilustraciones tienen efectos antidepresivos. En realidad, lo que os aconsejo es empezar por este libro y luego leeros todos los demás de Babette Cole, porque cuando nos da por pensar en agujeros negros y abismos insondables de nada, el mejor antídoto es la comedia y en eso Babette es un genio.

NOTA: Por ser hoy víspera de Todos los Santos, un pequeño apunte sobre los fantasmas: a veces, las personas a las que queremos, aunque ya no estén de este lado, nos mandan mensajitos. Tal vez lo hayáis experimentado. A mí me acaba de ocurrir. Y es que estaba terminando de escribir esta entrada cuando me he acordado de que una de las últimas ocasiones en que Javi y yo nos vimos estuvimos mirando el video de un concierto de Queen. Eso ha hecho que me entraran ganas de escuchar una canción del grupo y, extrañamente, porque no es de las más conocidas, he tropezado con ésta. De manera que, en fin, creo que mi padrino nos dice que, ya que estamos aquí y la muerte no tiene remedio, podemos, mientras tanto, aceptar "esa cosa pequeña y loca llamada amor" como animal de compañía.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ahora todo un otoño...

"Ahora todo un otoño, un invierno blanco, una primavera fresca y verde para sacar las sumas y totales del verano pasado"  Ray Bradbury, El vino del estío (Ed. Minotauro, pág. 224).



Hace tiempo que no subo música al blog y se me ha ocurrido que estaría bien hacerlo hoy para celebrar el comienzo del otoño. He elegido un tema en francés, de Vanessa Paradis, porque me caen bien las personas que lucen orgullosas sus dientes separados (¡no es tan fácil!) y, además, la canción y el video me sirven para hablar de algo sobre lo que leí el otro día.  Lo que leí fue esto:
"La vida real se nos escapa a toda velocidad, minuto a minuto, y solamente a través de la fabulación adquirimos una posibilidad de consistencia. De ahí que sea muy delicado el asunto, porque esto concierne a todo hijo de vecino. ¿Qué quiere decir eso, que estamos todos abocados a la necesidad de ser artistas? En cierto modo, sí. Lo cual no implica que tengamos que ser líderes en el mercado del entretenimiento. Sino que, para sobrevivir, para recuperar el aliento, necesitamos un cierto proceso de fabulación. Y ese proceso es una tarea colectiva. Estamos metidos en ese lío. O asumimos la necesidad de participación en la construcción de la nueva fábula, del nuevo mito, o estamos perdidos. O la vida se nos va."
Esta declaración de Santiago Auserón, incluida en una conversación auspiciada por Josele Sangüesa y reproducida en el blog de éste último, supongo que alude a crear un nuevo mito colectivo que nos rescate de este presente histórico tan poco lustroso, lo cual, la verdad, estaría bien. Pero a mí me interesa, sobre todo, la idea de que es contándonos un cuento, fabulando lo que vivimos, como podemos "adquirir consistencia". Ya se sabe que estamos hechos de historias (Eduardo Galeano dixit) y que los cuentos que nos contamos a nosotros mismos acaban conformando nuestra identidad.
Sin embargo, no comparto plenamente la idea de que "la vida se nos va" cuando no la dotamos de sentido a través de un relato estructurado. Al contrario: puede que los eventos más profundos y significativos de nuestras vidas escapen a todo empeño de ordenarlos o puede que, al tratar de integrarlos en una secuencia lógica, pierdan mucho de eso que los hace tan valiosos.
Los cuentos clásicos empiezan con un sintagma verbal en pasado y así es como es posible narrar, a toro pasado. O también a  toro futuro, ficción pura. El presente, en cambio, es inaprensible. Si fuéramos capaces de vivirlo plenamente, nada podríamos decir sobre él o, como mucho, y como sucede en la canción interpretada por Vanessa Paradis, sería una lista inconexa de conceptos imprecisos (la traducción es mía): 

Están ahí la pintura, los pájaros, la envergadura luchando contra el viento.
Están ahí las fronteras, las distancias, tu porte cuando caminas justo delante.
Están ahí las grietas, cerradas las cerraduras, como en vuelo las cometas.
Está ahí la literatura, la falta de impulso, la inercia, el movimiento.
A veces, vemos las cosas así como son, preguntándonos por qué.
A veces, las vemos así como podrían ser, diciéndonos ¿por qué no?. (Estribillo)
Están ahí, ahí, ahí, si nos tomáramos el tiempo (2 veces).
Están ahí las fronteras, las distancias, tu porte cuando caminas justo delante.
(Estribillo)
Están ahí los misterios, el silencio o el mar luchando contra el tiempo.
Están ahí las fronteras, las distancias, tu porte cuando caminas justo delante.
Están ahí los murmullos, un suspiro, la aventura, como en vuelo las cometas.
Está ahí la literatura, la falta de impulso, la inercia, el movimiento.
(Estribillo)

Vivir así, sin saber de dónde venimos ni a dónde vamos, sólo conscientes del momento presente, sería un problema, claro. Pero tendría también sus ventajas y -creo-  nos liberaría de muchas cargas, entre ellas la de pensar que somos alguien con unas limitaciones bien definidas e insalvables. Del video de "Il y a", me gusta especialmente la imagen de un libro que se abre y se cierra por la primera página. Y, entre principio y final -o entre principio y principio-,  suceden esos pequeños destellos de realidad: una boda, una fiesta, alguien llega, alguien se aleja por un sendero. No lo entendemos, pero sucede y tiene su impacto. Sé que no podemos vivir siempre así, que venimos de una historia, pero propongo que este otoño hagamos un experimento: amar la trama, como canta Jorge Drexler, y no preocuparnos demasiado por entender, resumir y cotejar. Ser y dejar ser sin tanto comentario de texto, a ver qué pasa.

miércoles, 16 de abril de 2014

Descansar acaso debes


Conozco a muchos que abominan de las versiones Disney de los clásicos para niños y jóvenes. Dicen que son simplistas, que tergiversan los mensajes originales y edulcoran el final. También oí decir una vez que estas películas maltratan psicológicamente (sic) al público infantil mostrando un sucedáneo de las experiencias más serias de la vida, como la muerte de un ser querido. En fin. Para los gustos, los colores. A mí me parece que las películas de dibujos animados producidas por la factoría Disney son obras de calidad, muy cuidadas y con una riqueza de matices que ya quisieran para sí muchos filmes para adultos. En el fondo, no dejan de ser recreaciones contemporáneas de historias que vale la pena recordar, filtradas por la visión de un artista de su tiempo. Siempre podemos luego acudir a las fuentes y ampliar la perspectiva (para ello, en este caso, nada mejor que la edición de El libro de la selva recientemente publicada por Sextopiso, con unas ilustraciones deslumbrantes de Gabriel Pacheco). O  podemos quedarnos con lo que nos sirve y ya. 
A mí, por ejemplo, a las puertas de estos diez días de vacaciones, en los que me llevo mucho trabajo a casa (cuando tienes más de 170 alumnos, corregir exámenes y redacciones es una labor que dura días enteros), me sirve MUY MUCHO recordar la filosofía de Baloo en la versión fílmica de El libro de la selva (1967). No es la misma, ni mejor, que la del Baloo literario. Rudyard Kipling caracterizó a su personaje con otros atributos entre los que no figura precisamente el hedonismo, pero ¿por qué no recrearse en el placer, sencillamente eso, sólo por unos días?.

PD: "Descansar acaso debes" es la traducción (mala) al castellano de un verso de Kipling incluido en su poema "Don't quit" ('No lo dejes').

sábado, 8 de marzo de 2014

Día Internacional de la Mujer Estresada

Cartel de Valentí Gubianas
La verdad es que preferiría celebrar el Día de la Mujer de Vacaciones o el Día de Mujer-que-tiene-tiempo-para-escribir-un-blog, pero, a falta de pan, buenas son tortas.
El cartel de Valentí Gubianas (un ilustrador que me encanta) muestra, en clave poética, lo que es tener un trabajo a día de hoy: no te muevas, ni respires, cierra los ojos y, si acaso por las noches el estrés no te deja dormir, imagina que vuelas.
Por suerte, este año, la jornada ha caído en sábado y podemos sestear (un poquito, sin pasarse). Y, como no tengo tiempo para exponer una reivindicación más elaborada, aquí le tomo la suya prestada a Cindy Lauper: ¡las chicas además queremos divertirnos!.

domingo, 16 de febrero de 2014

Comer pulpo es una barbaridad

En mi calidad de profesora mercenaria y a merced de los imprevistos y las inclemencias del tiempo, me han enviado a trabajar lejos del hogar, tierra y mar de por medio, y nada hay que pueda hacerse al respecto, aparte de esperar a que pasen los meses. Así que he dejado mi casa y me he instalado en otra -la mejor que he encontrado de momento-, donde gozo de la experiencia de vivir envuelta en una manta a todas horas (como una momia egipcia, pero sin tanta libertad de movimientos).
Esto es una isla y hoy, por ejemplo, el porcentaje de humedad es del 82%, de manera que no hay estufa ni amor apasionado capaz de caldear el ambiente (de hecho, suelo retrasar el momento de meterme en la cama por pereza de encontrarme entre sábanas mojadas). Esta circunstancia explica -supongo- por qué hoy me he despertado tarareando una canción sobre lo que vendría a ser vivir debajo del agua. Es ésta:


 

¡Ah, los Beatles! ¡Menos mal que ellos siguen todos vivos, juntos y cantando en algún lugar de mi memoria! ¡Gracias, chicos, por acudir en mi auxilio y no permitir que me siga regodeando en la autocompasión!.

"Octopus's garden" es uno de los pocos temas que compuso Ringo (o, al menos, de los pocos que se colaron en el excelso repertorio del grupo). Y a mí siempre me han gustado las canciones de Ringo, aunque no sean equiparables a las del resto de la banda, porque tienen un punto aniñado, como si las compusiera desde ese lado infantil que se resiste a aceptar los aspectos sombríos de la vida. Ringo trasmite alegría y ligereza.


Imagen de Juan Carlos Ruíz Castro procedente de
 http://morphine-design.blogspot.com.es/2011_06_01_archive.html
La leyenda cuenta que la canción fue concebida en 1968, un día en que el músico estaba navegando con su familia por aguas de Cerdeña en el yate de Peter Sellers. En algún momento, el capitán del barco le explicó que los pulpos buscan por los fondos marinos piedras brillantes, latas y botellas que luego ponen frente a su cueva, como un jardín. Ringo pensó que eso era estupendo, "because at the time I just wanted to be under the sea too" (por lo visto, formar parte de los Beatles y navegar en el yate de un actor famoso no te inmuniza contra los sinsabores, claro). Así que escribió la letra de corrido y, con los cuatro acordes de guitarra que sabía, dio forma a la melodía. Más adelante, sus amigachos de Liverpool le ayudarían a pulirla y el tema se incluyó en Abbey Road (Apple Records, 1969), el último álbum del grupo. 

La canción funciona como un pequeño relato para niños y, de hecho, ha sido editada hace unos meses en forma de libro infantil (Simon & Schuster, 2013), con las palabras de Ringo e ilustraciones de Ben Cort. Como curiosidad, aquí tenéis una presentación del propio autor, donde se le ve pasando las hojas y comentando la obra como un abuelete rockero a sus nietos (Ringo tiene ya 73 años).

A mí la letra me parece ocurrente y con varios niveles de lectura -George Harrison decía sobre la capacidad compositiva de Ringo que éste escribía canciones "cósmicas" sin darse ni cuenta-. Os la copio traducida, por si vuestro nivel de inglés es como el mío (abisal):


El jardín del pulpo

Dibujo realizado por Zoe Schlacter 
Me gustaría estar bajo el mar/ En el jardín de un pulpo a la sombra/ Nos dejaría entrar, ya sabe donde hemos estado/ En su jardín de pulpo a la sombra.
Les pediría a mis amigos que vinieran a ver/ El jardín del pulpo conmigo.
Me gustaría estar bajo el mar/ En el jardín de un pulpo a la sombra.
Estaríamos calentitos bajo la tormenta/ En nuestro pequeño escondite bajo las olas/ Reposando la cabeza en el lecho del mar.
En el jardín de un pulpo junto a una cueva/ Cantaríamos y bailaríamos/ Sabiendo que no pueden encontrarnos.
Me gustaría estar bajo el mar/ En el jardín de un pulpo a la sombra.
Gritaríamos y nadaríamos alrededor/ Del coral que vive bajo las olas/ Oh, cómo se divertirían las niñas y los niños/ Sabiendo que son felices y están a salvo/ Seríamos tan felices tú y yo (felices tu y yo)/ Sin nadie que nos dijera lo que hay que hacer.

Me gustaría estar bajo el mar/ En el jardín de un pulpo contigo (se repite 3 veces, hasta el final).


Bueno, a lo que iba: que me he levantado canturreando "Octopus's garden" y eso me ha animado un poco. Y, como era sábado (y los sábados por la mañana en el mercado de esta ciudad hay música en directo y un ambiente muy moderno), me he acercado a la lonja.Y allí, en fin, ya podéis imaginaros lo que he encontrado: un espectáculo dantesco ciertamente y un final muy triste para un jardinero del mar. Así que aprovecho esta tribuna (o lo que sea) para informaros de que estoy en contra del sushi. En contra del sushi y a favor de la vida submarina. A algún lugar tenemos que poder escapar los soñadores inadaptados, digo yo.

viernes, 3 de enero de 2014

Life goes on

Bueno, pues ya un año más empieza. Un año nuevo, casi a estrenar. Un año sin los que se fueron a por tabaco y sin los que se fueron por el cielo. Un año con días, horas y hasta minutos de 60 segundos que se llenarán de vete a saber qué peripecias y  descubrimientos. Mientras vivamos habrá aventuras, así que celebremos que todo es misterioso y extraordinario, como en los cuentos. Como en los cuentos, supongo, habrá en el 2014 bosques, lobos y palacios encantados. Nos hechizarán, claro, nos desafiarán, pero, de alguna forma,  encontraremos las palabras mágicas y el sendero apropiado. Todos los cuentos de hadas tienen un final feliz, no va a ser menos el nuestro, ¡a por él con mucho ánimo y coraje!.
 
"Life goes on", pintura de Gunella (2008)

PD: Os dejo aquí un videoclip ilustrado del grupo granadino  Maui y los Sirénidos,  una banda sonora excelente para elaborar nuestra lista de propósitos con ritmo y sentimiento (el video, por cierto, fue realizado por Fernando Montero, un artista que, un mundo ideal, nos debería pintar a todos el escenario).

martes, 24 de diciembre de 2013

Peces en el río

Me gustaría haber nacido en una época y/o en una familia donde, con motivo de determinadas celebraciones, se cantaran ciertas canciones. Eso es cultura y, además, tengo comprobado que lo que se dice en forma de canción, dicho de otro modo no tiene, ni de lejos, el mismo encanto. Por desgracia, en mi familia y en los años 70 y 80, cuando era niña, tradiciones como la de los villancicos no se estilaban mucho (nosotros teníamos otras tradiciones navideñas, como la de hacernos regalos lamentando el consumismo desatado de estas fechas y barrer el suelo al grito de '¡¿se puede saber quién le ha comprado espumillón a la niña?!').  Pero ahora que ya soy mayor y puedo darle a mi niño interior lo que nunca tuvo, me voy a permitir cantar esta Nochebuena aquello del ande, ande, la marimorena y lo de los peces que beben en el río. Lo malo, claro, es que a mí, por ignorancia, las canciones se me embarullan todas -como les pasa a estos chicos, Les Poissons Voyageurs- y lo que empieza con la Virgen peinándose en el Portal puede acabar de cualquier manera.
 

 
 
PD: Los pececitos del video son obra de una dibujanta estupenda, Aitana Carrasco, a la que no conozco personalmente de nada, pero de la que afirmo que tiene un mundo propio enorme y muy estiloso (véase en  http://www.aitaneta.com/).


lunes, 4 de noviembre de 2013

Luz de sombra derramada (thanks, Lou Reed)

Iba a decir que la cuentoterapia es una terapia novedosa que consiste en utilizar los cuentos con fines de autoconocimiento y sanación, pero eso no es verdad. La cuentoterapia, en realidad, es antiquísima, aunque sea mérito de Lorenzo Hernández Pallarés el haber acuñado el término y, junto a un pequeño grupo de psicólogos y especialistas, haber sentado las bases de esta disciplina.

Esto tendría muy poco que ver con Lou Reed (Nueva York, 1943-2013), quien nos ha dejado hace unos días, si no fuera porque en el último taller de Lorenzo al que asistí en Barcelona, “Lo rechazado. El encuentro con la sombra”, tratamos acerca de algo sobre lo que Lou sabía un montón: nuestra relación con el lado salvaje de la vida. 

Caratula frontal del álbum Lou Reed-Transformer (1972)
El concepto sombra, sobre el que no voy a    extenderme -porque, además de escribir un blog, intento tener una vida-, es hoy en día harto familiar para las personas que frecuentan la lectura de textos de psicología y autoayuda. También es un concepto muy antiguo y muy presente en la cultura occidental (la eterna lucha entre el Bien y el Mal, que tanto bien y tanto mal nos ha hecho, está en la Biblia, sin ir más lejos, y tiene mucha relación con esta dualidad que implica la existencia de la sombra). En psicología, grosso modo, la sombra es lo que su propio nombre indica: una zona oscura, no alcanzada por la luz, cuya forma muestra de, manera más o menos distorsionada, la misma silueta del cuerpo que la proyecta. Es decir, que la sombra de un individuo vendría a ser él mismo, pero en la tiniebla y deformado, y estaría integrada por rasgos de personalidad ocultos o reprimidos. Estos rasgos, ojo, no son necesariamente negativos. Alguien que haya, por ejemplo, crecido en un entorno donde se evitaba el contacto físico, no se manifestaban emociones como el cariño y haya interiorizado esto como positivo, puede albergar en su sombra una capacidad para dar y recibir afecto totalmente inexplorada.- En fin. Espero que Carl Gustav Jung no se revuelva en su tumba por esta explicación tan somera-.

A lo que iba: la sombra, su reconocimiento, la lucha contra ella, la integración de la misma, etc...se diría un asunto exclusivamente adulto, algo a lo que nos enfrentamos cuando ya tenemos una edad. Sin embargo, contra todo pronóstico, es un tema muy caro a los autores de literatura infantil y juvenil y lo encontramos, con intención y resultados diversos, en los cuentos de hadas tradicionales, en cuentos de autor como Peter Pan y Wendy, Las aventuras de Pinocchio o El Mago de Oz, y en novelas juveniles contemporáneas (toda la saga de Harry Potter, por ejemplo, abunda, en su trama y subtramas, en este encuentro del héroe con su lado oscuro). Y tengo la impresión de que esto es así no por casualidad, sino porque acaso ésta sea la lucha definitiva. Sólo quien se mira al espejo y tiende la mano a su reflejo distorsionado puede obtener el tesoro que le está destinado (las perlas de la sabiduría, el collar sagrado, la corona). 

Y ahí es donde, por fin, regresamos a Lou Reed, esa tenebrosa aparición vestida de cuero negro, cuya música y vida artística, improbablemente hermosas, resuenan en nosotros como manifestación de la sombra en plenitud. Porque la sombra es de veras oscura, pero “permanece conectada con las profundidades olvidadas del alma, con la vida y la vitalidad; ahí (donde) puede establecerse contacto con lo superior, lo creativo y lo universalmente humano” (Liliane Frey-Rohn).
  
Así que, gracias, Lou, por tu sombra y por la luz de tu sombra derramada sobre nosotros.

Y ya no digo nada más, pero os dejo con una canción de Velvet Underground y su aSOMBRosa letra:

I'll be your mirrow (Seré tu espejo)

Yo seré tu espejo                                                         
Reflejaré lo que eres, en caso de que no lo sepas
Yo seré el viento, la lluvia y la puesta del sol
La luz en la puerta para mostrarte que estás en casa

Cuando pienses que la noche ha visto tu mente
Que dentro eres retorcido y cruel
Déjame quedarme para mostrarte que estas ciego
Por favor, baja las manos
Porque te veo

Me resulta difícil creer que no sepas
Lo bello(a) que eres
Pero si no, déjame ser tus ojos
Una mano en la oscuridad, para que no tengas miedo

Cuando pienses que la noche ha visto tu mente
Que dentro eres retorcido y cruel
Déjame quedarme para mostrarte que estas ciego
Por favor, baja tus manos
Porque te veo


Yo seré tu espejo
(Créditos: Lou Reed. Intérprete: Nico).