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lunes, 1 de febrero de 2016

El mes del amor

Estos días, estas semanas, escribo mucho sobre cuentos pero no en el blog, sino en el trabajo final de mi formación en Cuentoterapia. Me lo paso bien y siento que aprendo mucho. También descubro que he aprendido aún más de lo que creía a lo largo de estos tres años. Pero me da pena tener este espacio un poco abandonado, como un desván a merced de los ratones. Echo de menos pasar por aquí y compartir algo con vosotros. Hoy se me ha ocurrido esto, una cosa rapidita, porque empieza febrero y pronto será San Valentín, ese mártir que tiene más de diablo que de santo.  

"I can't belive, I found you" , ilustración de Sophie Blackall para su proyecto Missed Connections

LA MUJER PERFECTA

Nasrudín conversaba con un amigo.
- Entonces, ¿nunca pensaste en casarte?
- Sí pensé -respondió Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.
Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.

Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.

- ¿Y por qué no te casaste con ella?
- ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

 

sábado, 9 de mayo de 2015

El rey que bordaba estrellas

Ilustración de Victor Jaubert para El rey que bordaba estrellas (Ed. Diego Pun Ediciones, 2013)

Hace una semana, os hablé de Escritos en la corteza, un libro que había encontrado casualmente sobre una mesa de nuestro Departamento y que había decidido llevarme a casa para leerlo durante el Puente de Mayo. El libro me gustó mucho, lo leí en un suspiro, y de inmediato publiqué en este blog una pequeña reseña para recomendarlo. Luego, ese mismo fin de semana, se celebraba un Festival del Cuento cerca de donde vivo y para allí me fui, pero las entradas volaban y el primero de los dos días del evento no pude acudir a ninguna sesión de cuentacuentos, a ningún taller ni conferencia. El domingo, en cambio, tuve más suerte y encontré un pase, sólo uno, para asistir a la actuación de un señor llamado Ernesto Rodríguez (ummm, ese nombre...). Me pareció un cuentacuentos muy bueno, fino y nada artificioso, y con unas historias preciosas en su repertorio  -algunas creadas por él y otras recopiladas-. Volví a casa pensando que qué suerte había tenido: en un mismo fin de semana, ración doble de cuentos, unos escritos y otros contados de viva voz, todos bonitos, elegantes, con algo que me recordaba vagamente a los Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga, o, más bien, a la sensación que yo de niña tenía cuando leía al escritor uruguayo, sin saber nada de él ni de su mundo, sin saber lo que era un yacaré ni haber visto nunca una tortuga gigante. La sensación, sí,  de que alguien te coge de la mano y te lleva muy lejos y cuando la historia termina es como si regresaras de un viaje. 

Como habréis adivinado, nunca podría ganarme la vida como detective porque Escritos en la corteza y el cuentacuentos al que pude ver poco después de leer ese libro son la misma persona. El mismo Ernesto. Un señor, por cierto, muy conocido en el mundillo de los narradores orales, por ser, entre otras cosas, fundador y actual director del Festival Internacional del cuento de Los Silos, en Santa Cruz de Tenerife. Cada vez que me acuerdo de que llevaba su libro en mi mochila mientras intercambiaba con él unas palabras tras su actuación y no le pedí que me dedicara la obra ni le hice ningún comentario de fan, me doy un poco de rabia. Pero, bueno, al menos puedo decir que le he visto en acción y certifico la impresión que me dieron sus cuentos publicados:  tras la sencillez aparente de sus relatos, hay mucho oficio y un espíritu amable y generoso. Os dejo un video que he encontrado en YouTube donde se le entrevista, para que también vosotros le conozcáis y, si os cruzáis con él mientras leéis alguno de sus cuentos, no os pase como a mí.



Y, ya de paso, os sugiero busquéis un álbum ilustrado titulado El rey que bordaba estrellas (los dibujos son obra de Victor Jaubert -¡qué estupenda página-web la suya!-). Allí Ernesto Rodríguez Abad nos explica la peripecia de un rey que, en lugar de dar órdenes, guerrear o acumular tesoros, prefiere bordar y crear mundos maravillosos. Es un rey muy valiente, claro,  porque reina desde el corazón y conoce el poder secreto de las palabras (para los maestros: aquí encontraréis algunas propuestas de explotación didáctica del cuento).  Pero mejor que os lo presente el propio Ernesto:

viernes, 1 de mayo de 2015

Comieza de nuevo

"Cantos en el árbol", pintura sobre tabla de Paz Aguado

LOS  ÁRBOLES

Los árboles ya dan retoños
como algo no del todo dicho;
brotes recientes, calmos, se dispersan
en un verdor que es casi una pena.

¿Es acaso que vuelven a nacer
y nosotros declinamos? No, pues también ellos
mueren. El repetido ardid de renovarse
queda escrito en anillos de madera.

Y sin embargo, incansables, cada mayo
los castillos se desgranan en plena densidad.
Ha muerto un año, parece que dijeran;
comienza, comienza tú también de nuevo.

Philip Larkin (Traducción de Marcelo Cohen)

PD: Si os gustan los árboles y sus historias, os recomiendo los trece cuentos -cada uno de ellos dedicado a un árbol distinto y todos estupendos- que Ernesto Rodríguez Abad incluye en Escritos en la corteza (Ed. Alfaguara Juvenil, 2013). Estos relatos arbóreos para chicos -a partir de 12 años- se leen en lo que tarda en caer una hoja y tienen el valor añadido de estar acompañados por unas impecables ilustraciones de Ester García.  Aconsejo especialmente leerlos durante el curso de un paseo por el campo o las montañas. Puede que si lo hacéis así, cuando veáis un árbol, descubráis lo que Rodríguez Abad explica en "Baobab. La vida secreta": "Todos miraban al árbol con veneración. Sabían que era el que guardaba las historias del anciano narrador, su corazón era un cofre que encerraba el tesoro de la humanidad: las palabras que cuentan lo que hemos sido".  (Escritos en la corteza, pág. 93).