Mostrando entradas con la etiqueta animación a la lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta animación a la lectura. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de septiembre de 2015

¡A con...jugar!

 

Mañana empiezan las clases. Qué nervios, ¿verdad?. Bueno. Vamos a jugar a pensar que todos lo haremos lo mejor que podamos, que nos equivocaremos tan bien como sepamos, que acertaremos con intención o por accidente. Todos -yo, tú, él, nosotros...- somos sólo personas con más o menos años y experiencia, con más o menos oficio y talento. Considerando esto, esta mañana me vinieron a la cabeza las variaciones que Luis Pescetti (San Jorge -Argentina-, 1958) propone sobre sus propios poemas. Me gusta lo que hace este hombre porque nos recuerda que todo es perfectible y que, aun sobre un molde preestablecido, la intención, la emoción y la particularidad del momento lo cambian todo. Las posibilidades son infinitas y es inevitable que algunos versos sean ripios y otros nos salgan redondos, como les pasa hasta a los mejores poetas. Algo haremos bien, algo haremos mal, pero...¡adelante con la estrofa!.

PD: Si os ha gustado este poema, en este enlace hay otros más de Unidos contra Drácula (Editorial Alfaguara, 2013), un libro estupendo que sirve casi casi para cualquier cosa.

viernes, 4 de julio de 2014

En el Camino

Durante gran parte de este curso, he sido profesora en 1º de ESO, lo que me ha encantado porque los 12-13 años es una edad complicada pero muy interesante. En estos meses, me he reído, me he sorprendido y me he enfadado; casi todos los días ha habido ratos difíciles y otros memorables. Hoy, de hecho, quiero hablaros de una lectura que nos ha proporcionado, a partes iguales, buenos y malos momentos. Malos porque el libro no ha entusiasmado precisamente; y buenos porque hasta de una obra que no ha gustado demasiado hemos aprendido mucho. Me refiero a El herrero de la luna llena de María Isabel Molina .

El libro, como digo, ha gustado regular y yo creo que parte de este desinterés en la lectura se debe a que el argumento está muy al servicio de la voluntad didáctica: entretiene lo mínimo, la intriga es bastante convencional. Pero la autora ha situado la acción en el  Camino de Santiago y eso sí ha suscitado el interés de los alumnos. Todo el mundo sabe que hacer una larga travesía en un medio de transporte no motorizado es una aventura. No importa lo que pase: estás en el camino (en el Camino), con un equipaje mínimo, contemplando paisajes nuevos, a merced de las inclemencias del tiempo, bañándote en el río y durmiendo al raso si hace falta...
Sobre esa situación hipotética pero posible, empezamos a trabajar y aprendimos cómo se vestía y se viste hoy en día un peregrino (y de paso qué es una peregrinación, ya sea a Santiago o a La Meca -eso nos lo explicó Fátima-), qué conviene llevar en la mochila (calculando la carga que alguien de nuestro peso y estatura podría soportar para avanzar a buen ritmo y teniendo en cuenta cómo habría que organizarse en un grupo para transportar todo lo necesario -hubo muchas discusiones, y abucheos para los que propusieron llevar únicamente la tarjeta de crédito de sus padres en un lugar donde no hay cajeros-). Vimos fragmentos de un reportaje sobre las impresiones de unos viajeros actuales y Silvia trajo fotos y nos contó cómo es hacer el Camino en bici, a partir de los recuerdos de su padre. También vimos algunas escenas de The Way y Alex convenció a su profesor de repaso para que nos prestara su credencial y poder cotejar su compostela con la de la película (son exactamente iguales, salvo el nombre del titular, claro). Luego hicimos murales con el mapa del Camino destacando los lugares en los que a Yago de Lavalle, el protagonista, le ocurren aventuras en la novela y, en la presentación de su trabajo, Neus y Caterina nos mostraron un bastón de peregrino que les había traído su abuela de recuerdo de un viaje para ver la Catedral. Creo que, definitivamente, al final, sólo nos faltó ir a Roncesvalles y echar a andar (lo cual no descarto que pase algún día, aunque sea cada uno por su lado).

Cuento esto, en parte, para agradecer a mis alumnos el buen trabajo que hicieron y que fue más allá de mis expectativas. También para compartir, y que no se pierda por completo, la experiencia de aquellos viernes en que me enfadé (hubo gritos, a qué negarlo) y me reí (¡pero cómo te vas a llevar la Play al Camino, hombre!) y todos aprendimos de todos.
La verdad es que con los libros pasa lo mismo que con lo demás: no importa tanto que sean realmente buenos como lo que haces con ellos. Todo forma parte del camino (y del Camino).  

lunes, 27 de enero de 2014

Hacer caja

Ilustración de Isabel Hojas
La última vez que estuve en Barcelona, había en el Palau Robert una exposición retrospectiva dedicada a Roser Capdevila. Por supuesto, yo conocía sus Tres bessones y, en general, su estilo como ilustradora. Lo que no sabía es que, además, esta mujer tan interesante se dedica a reciclar cajas de cartón para hacer con ellas cocinitas para sus nietos y teatrillos perfectamente diseñados para llevar a cabo representaciones de cabaret ante un público reducido. La exposición todavía puede visitarse (hasta el 27 de abril), por lo que, si tenéis ocasión, os recomiendo que vayáis a verla...Saldréis con ganas de dibujar por las paredes, de pintarrajear en las servilletas y, sobre todo, de arramblar con todas las cajas de cartón que encontréis por el camino.


Creo que para los niños -y para la parte de niños que hay en nosotros-, las cajas son un vehículo privilegiado para viajar al Más Allá. Y no, no me estoy refiriendo a los ataúdes, claro, sino a esas cajas de cartón que nos llevan un a Más Allá fantástico e ilimitado, absolutamente personal, donde somos dueños del espacio y el tiempo. Lo comprobé hace unos días cuando, en una improvisada encuesta realizada a través de Facebook, pregunté a mis amigos qué se les ocurría que era posible hacer con una caja.  La verdad es que tardé poquísimo en recopilar una amplia gama de ocurrencias:  vivienda para seres invisibles (sic), cohete y escondite; falso mobiliario, isla y cofre del tesoro; alfombra voladora y cuna para mascotas, entre otras. Además, hubo quien, para abreviar, me remitió a este enlace, subrayando así que nada hay que no pueda hacerse con una caja de cartón y mucha creatividad.

"Alice dans sa boîte"
de http://www.tiphainemangan.com/about
Igualmente, las cajas casan de maravilla con los libros, porque ambos plantean un interrogante y  nos otorgan sus dones sólo si los abrimos con imaginación y una actitud de entrega a lo desconocido.  Así, no es raro que álbumes cuyas ilustraciones han sido elaboradas  a partir de cajas de cartón deconstruidas - Sofía y el pendolaje (Espirelius, 2008)-  o  que contienen  imágenes enmarcadas en cajas  -Esta familia que ves (Ediciones SM de México, 2013)- tengan, en mi opinión, un plus de gracia y de misterio.

Personaje creado con cartones por  Valeria Gallo
en su taller Nariz Grande camina solo
Otro ejemplo  de cómo combinar caja y narración son  las cajas de lectura, como las utilizadas en la Escola Vedruna de Barcelona.  En estas cajas temáticas los maestros reúnen álbumes ilustrados con un contenido común -los viajes, el Día de la Mujer,...- sobre el que, tras la lectura,  se debate y se trabaja con los alumnos (si os interesa, aquí  -en catalán- explican el procedimiento y los resultados). Para párvulos,  una propuesta didáctica interesante es ésta  (por la cara de los niños, yo diría que la Caja del Pollo Pepe es mucho más atractiva que la caja tonta).
Asimismo, con una pericia de la que yo carezco,  con cajas se pueden hacer dioramas que representen escenas de cuentos. En este link  podéis ver el proceso seguido por una ilustradora profesional para conseguirlo y aquí algunos dioramas de Kim Welling, que no ilustra cuentos en 3D pero combina letras y dibujos con mucho arte.

También los cartones y las cajas aplastadas son la materia prima y la fuente de inspiración de David Hofmann, fundador del  Boxdoodle Projekt, una iniciativa dirigida a creadores de todo el mundo para que confeccionen con estos modestos materiales lo que su  ingenio les sugiera (los frutos de esta convocatoria abierta se pueden contemplar en esta página de Facebook).

Imagen procedente de
 http://vedruna-angels.org/blocs/lectura/files/2013/02/221.jpg
En fin, podría seguir al infinito. Pero, como no quiero acabar viviendo en una caja apostada debajo de un puente, me conviene dedicar mis esfuerzos a algo productivo. Así que me despido por hoy, no sin antes recomendaros que veáis este video sobre una iniciativa llevada a cabo por la Asociación Petit Poblenou en colaboración con el Ajuntament de Barcelona y varias editoriales. Os alegrará el día (porque, además de todo lo que hemos mencionado, con cajas de cartón y ganas, el mundo puede mejorar muchísimo).