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jueves, 13 de agosto de 2015

¿Para qué hemos nacido?

Ilustración de Ilonka Karasz para The Heavenly Tenants (1946) de  William Maxwell
 
Hoy he querido recuperar para vosotros un pequeño vídeo que me encantó hace unos meses, cuando lo vi por primera vez. Como para muchos  es época de vacaciones y tenemos más tiempo para escucharnos a nosotros mismos y a la vida, me ha parecido que lo que nos cuenta aquí el gran Pep Durán viene muy al caso. Especialmente para esta noche, cuando el cielo y la superstición popular nos brindan la ocasión de formular un montón de deseos. ¡Que no se os olvide desear algo importante!
 

domingo, 12 de julio de 2015

Una piedra en el camino...y algunos árboles

Imagen procedente de http://www.mistrucosparaeducar.com/

Me voy a caminar. En concreto, me voy a recorrer un trecho del Camino de Santiago, sobre el que, gracias a mis alumnos y a nuestras lecturas, soy casi una experta, como ya sabéis los que léeis el blog.  La  pena es el "casi", porque entre la teoría y la práctica seguro que habrá diferencias que pagaré con sudor y ampollas en los pies. Son las inevitables  piedras del camino (del Camino, en este caso) y me conformo con no tropezar dos veces con la misma.  Aparte de eso, también espero regresar  con algunas historias y puede que con unos pocos cantos rodados para decorarlos a mi regreso, como éstos de las fotos que veis aquí al lado. Sirven para crear historias y se pueden pintar o, si no se os da bien el dibujo, se les pueden pegar adhesivos. Son una versión rudimentaria de dados como éstos o de los Story Cubes de la marca Asmodee. Si afilamos la imaginación seguro que dan para mucho. 

Además de piedras, por supuesto, deseo encontrar a lo largo de la ruta muchos árboles (muchos, muchos, porque el sol de julio es furibundo) y eso me trae a la memoria el inventario de árboles mágicos que el escritor orensano Víctor González incluye en su libro El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), una compilación de historias  que os recomiendo precisamente a modo de sacapuntas de la imaginación porque está lleno de ideas disparatadas y desenlaces insólitos. Ahí va la lista:
 
Los diez árboles mágicos
 
Los diez árboles mágicos son los siguientes:
El Falso Tugup de la isla de Manila. que da sombreros de paja perfectamente trenzados en distintas tallas.  
El Talingaham o Árbol Orejudo, que oye todo lo que se dice.
El Artocarpus, que da hogazas de pan bien cocidas.
El Nonoc, que no crece en la tierra sino en el aire.
El Pao de Ferro, una especie muy apreciada por los portugueses e imposible de talar.
El Sua, un tipo de Naranjo cuyos frutos son del tamaño de melones pero más pequeños.
El Árbol del Viajero de Madagascar que, como todo el mundo sabe, da agua potable.
El Silot, cuyas semillas de color azul tienen dentro un trozo pequeño de cielo.
El Buai, que da piedras y se utiliza en construcción.
Y por último, el Carraspiques Gigante, que no muere jamás y cuyas hojas cuando caen al suelo echan a andar y se van a descubrir el mundo.

miércoles, 1 de julio de 2015

La mejor estación

¿Es el verano el mejor momento del año?  Ummmm, no lo sé. Pero, al menos, sí es cierto que esta estación nos brinda la oportunidad de mirar con otros ojos lo que nos rodea, descansar de la rutina y renovarnos un poco a nosotros mismos. Por eso hoy he querido traeros una pequeña muestra de la obra de Olga Kvasha (Lutsk, 1976), una artista ucraniana a la que descubrí hace tiempo en uno de mis paseos virtuales.
Siempre me han gustado las láminas de botánica y de niña disfrutaba mucho con los libros de cuentos cuyas ilustraciones retrataban el paisaje con detalle, en las que se podían distinguir diversos tipos de flores y la forma de las hojas de los árboles. Todavía ahora puedo pasar horas entrenida con ese tipo de dibujos y por eso me encantan los cuentos ilustrados por Angela Barrett, aunque sean de un virtuosismo que a algunos les parece pasado de moda. Las pinturas de Olga, como las ilustraciones de la gran artista inglesa,  invitan a detenerse y a observar y eso supone un buen entrenamiento para la vida.
     
Olga Kvasha, THE SUN

Olga Kvasha, APPLES ON THE GRASS

Flores en primavera, la luna en otoño, una brisa fresca en verano, nieve en invierno. Si tu mente no está ocupada de cosas innecesarias, ésta es la mejor estación de tu vida.
Olga Kvasha, AUTUMN IN MY TOWN
 
Olga Kvasha, A WINTER SHELTER

martes, 23 de junio de 2015

Dos damas sanjuaneras

Pintura de Amanda Blake   

PEREGRINA Y NIÑOS

DORINA.—¿ Por qué llora Adela?
PEREGRINA.—Porque tiene veinte años… ¡y hace una noche tan hermosa!…

ANDRÉS.—En cambio, tú pareces muy contenta. ¡ Cómo te brillan los ojos!
PEREGRINA.—Es que no acababa de comprender la misión que me ha traído a esta casa… ¡y ahora, de repente, lo veo todo tan claro!
FALÍN.—¿ Qué es lo que ves tan claro?
PEREGRINA.—Una historia verdadera que parece cuento. Algún día, cuando seáis viejos como yo, se la contaréis a vuestros nietos. ¿ Queréis oírla?
NIÑOS.—Cuenta, cuenta… (Se sientan en el suelo frente a ella).
PEREGRINA.—Una vez era un pueblo pequeño, con vacas de color de miel y pomaradas de flor blanca entre los campos de maíz . Una aldea, tranquila como un rebaño a la orilla del río.
FALÍN.—¿ Como ésta?
PEREGRINA.—Como ésta. En el río había un remolino profundo de hojas secas, adonde no dejaban acercarse a los niños. Era el monstruo de la aldea.Y decían que en el fondo había otro pueblo sumergido, con su iglesia verde tupida de raíces y sus campanas milagrosas, que se oían a veces la noche de San Juan …
ANDRÉS.—¿ Como el remanso?
PEREGRINA.—Como el remanso. En aquella aldea vivía una muchacha de alma tan hermosa, que no parecía de este mundo. Todas imitaban su peinado y sus vestidos; los viejos se descubrían a su paso, y las mujeres le traían a los hijos enfermos para que los tocara con sus manos.
DORINA.—¿ Como Angélica?
PEREGRINA.—Como Angélica. Un día la muchacha desapareció en el remanso. Se había ido a vivir a las casas profundas donde los peces golpeaban las ventanas como pájaros fríos; y fue inútil que el pueblo entero la llamara a gritos desde arriba. Estaba como dormida, en un sueño de niebla, paseando por los jardines de musgo sus cabellos flotantes y la ternura lenta de sus manos sin peso. Así pasaron los días y los años…Ya todos empezaban a olvidarla. Sólo la Madre, con los ojos fijos, la esperaba todavía... Y por fin el milagro se hizo. Una noche de hogueras y canciones, la bella durmiente del río fue encontrada, más hermosa que nunca. Respetada por el agua y los peces, tenía los cabellos limpios, las manos tibias todavía, y en los labios una sonrisa de paz...Como si los años del fondo hubieran sido sólo un instante.
(Los niños callan un momento impresionados).
DORINA.—¡Qué historia tan extraña!… ¿Cuándo ocurrió eso?
PEREGRINA.—No ha ocurrido todavía. Pero ya está cerca…¿No os acordáis?…¡Esta noche todos los ríos del mundo llevan una gota del Jordán! 

 

 
Hoy es la Noche de San Juan y aprovecho para retomar la actividad del blog, después de varias semanas de trabajo absorbente. Ahora que se acabó mi substitución, se me hace raro disponer de tanto tiempo y me siento extrañamente culpable por no estar ya de pie a las seis de la mañana (ce n'est pas grave!, seguro que en un par de días se me pasa).  

Pero es la Noche de San Juan, como decía, y hay mucho que celebrar y bastantes trastos que quemar en la hoguera. Además, quería contaros que, este curso que acaba de finalizar, leímos, mis alumnos de 2º de ESO y yo,  La dama del alba, de Alejandro Casona. Me gustó mucho, durante varios viernes sucesivos, evocar la magia de la esta noche con los chicos. Ellos lo hicieron muy bien. Incorporaron a los personajes matices que éstos no tenían en el texto original (el abuelo fue un poco sordo y Falín ocasionalmente tartamudo, porque al chaval que lo interpretaba le pareció que su personaje salía poco y había que darle más protagonismo), pero, básicamente, se respetó el sentido de la obra y creo que casi todos apreciaron la atmósfera misteriosa, dramática y lírica que el autor supo crear.

Además, la lectura de este libro dio para hablar de muchas cosas: de fogatas y ritos, de fiestas locas y ligues de verano, de fantasmas, aparecidos y resignación ante la muerte. Se le podría haber sacado más jugo, desde luego, pero las urgencias del fin de curso -y el histerismo inherente- lo impidieron. Ojalá algún día pueda volver a trabajar con el texto de Casona. Me pareció muy adecuado para esta edad de grandes amores y desamores y en los que lo macabro resulta tan atractivo.

Algo que lamento no haber hecho en la explotación didáctica de La dama del alba es concluir la actividad con la visión de La joven del agua (2006), la película de Nitgh Shalaman -cuya traducción más exacta sería, curiosamente, "La dama del agua" (Lady in the water)-. En su lugar vimos una representación televisada de la obra, que, aunque correcta, considero que no aportó mucho a lo que ya habíamos observado durante la lectura en clase. ¿Por qué La joven del agua? Pues porque profundiza en uno de los temas tangenciales de la obra de Casona: cómo se forja una leyenda, cómo se crea una historia con retazos de verdad y elementos de fantasía. Las buenas historias, las que nos ayudan a vivir, no surgen de la nada. Hay un patrón y nos puede ser útil conocerlo a la hora de escribir cuentos y también de crear nuestras leyendas personales. De eso trata el film de Shalaman (del cual os dejo  el prólogo aquí abajo) y creo que hubiera sido un buen colofón.  En fin, como dijo aquél, la próxima vez me equivocaré mejor.


PD: ¡Que se os cumplan los deseos que pidáis al saltar sobre las llamas! ¡O no... y a ver qué pasa (seguro que puede dar para una buena historia)!

sábado, 16 de agosto de 2014

La música del azar

Hoy he tenido un buen día de pesca. No es tan fácil, navegando por internet, encontrar un caladero de poemas que no sean tristes, que no sean cursis, que no estén penosamente traducidos. Así que estoy muy contenta porque he ido a parar aquí y he pillado un pez gordo, un Big Fish.  Es de la poeta norteamericana -aunque nacida en Alemania - Lisel Mueller (Hamburgo, 1924) y puedo asegurar que le seguiré la pista (aparentemente, no hay muchos poemas suyos en castellano). Cuanto he leído de su obra hasta ahora me ha parecido una delicada, sutil, celebración de la vida; de la vida pequeña, no del éxtasis o  las grandes pasiones, y eso (me) hace bastante falta. En concreto, me encanta esta composición de aquí abajo, que acompaño con un par de ilustraciones de Phoebe Walh, una joven artista del oeste de Estados Unidos que pinta un mundo en el que no me importaría habitar en mi próxima reencarnación.  
Vivos juntos

Collage de Phoebe Walh (2012)
Hablando de maravillas, estoy viva
junto a ti, cuando podría haberlo estado
con cualquier otro bajo el sol,
cuando podría haber sido la mujer de Abelardo
o la puta de un papa del Renacimiento
o la esposa de un campesino sin suficiente comida
ni suficiente amor, mis hijos muertos
de peste. Podría haber dormido
en un nicho junto al hombre
de la nariz de oro, que se entrometía
en los asuntos de las estrellas,
o cosido una bandera estrellada
para un general con dientes de madera.
Podría haber sido la ejemplar Pocahontas
o una mujer sin nombre
llorando por mi marido
en la cama del Amo, intercambiada por una mula
mi hija perdida en una apuesta de borrachos.

Ilustración de Phoebe Walh
Me podrían haber atado a un tótem
para aplacar a un dios vengativo
o abandonado, niña inútil,
a mi suerte en un acantilado. Me gusta pensar
que podría haber sido Mary Shelley
enamorada de un ángel testarudo,
o una amiga de Mary. Podría haber sido tú.
Este poema es interminable, son infinitas las probabilidades en nuestra contra,
nuestras oportunidades de vivir juntos
estadísticamente inexistentes;
aún así lo logramos, estar vivos en una época
que, según racionalistas con sombreros cuadrados
y Testigos de Jehová sin sombrero,
está por terminar,
vivos con nuestros vivaces hijos
que —por interminables hubieras—
podrían haberse perdido de estar vivos
junto con maravillas y locuras
y anhelos y mentiras y deseos
y error y humor y piedad
y viajes y voces y caras
y colores y veranos y mañanas
y saber y lágrimas y azar.

Lisel Mueller (Traducción de Coral Ruvalcaba)

PD: No tengo nada en contra de los poemas tristes, los hay magníficos. Pero creo que mantenerse en la tabla de surf de la alegría y la gratitud, con los vientos huracanados que soplan, es muy meritorio.

PD2: El título de esta entrada, algunos os habréis dado cuenta, se lo he robado a Paul Auster, que, además de ser guapo, titula de maravilla.

viernes, 25 de julio de 2014

Nihil novum sub sole

Yo pensaba que, siendo verano, haría tantas cosas. Actualizar este blog más a menudo, por ejemplo. Escribir un rato todos los días y leerme de principio a fin las Rimas de Bécquer (al que redescubrí durante este curso, cuando impartía clases en 1º de Bachillerato. No es tan cursi, al fin y al cabo). Creí que adecentar la casa nueva me costaría mucho menos y, además, pronto estaría recuperada del cansancio. Me imaginaba aprendiendo a cocinar paella e invitando a mis amigos a degustar el experimento; tratando de tocar Moon River en el balcón con un ukelele prestado; buscando claves secretas en los cuentos de los hermanos Grimm, el diccionario de símbolos en una mano y una lupa enorme en la otra -me estoy quedando cegata y lo de la lupa es una coquetería porque prefiero parecerme a Sherlock Holmes que a Miss Marple-. Pero no. Resulta que estoy vaga y re-vaga y voy lenta con todo, los cacharros se acumulan en el fregadero y la pintura nunca termina de secarse.
Sin embargo, he decidido no atormentarme de más y dejar que los días se sucedan al ritmo que quieran ellos, sin llenarlos de obligaciones ni quejarme de este calor que me inhibe de ser más activa. Esta bien así. Ya fui eficaz en primavera y supongo que volveré a serlo cuando llegue el otoño. Mientras tanto, voy a ceder el protagonismo a seis artistas, tres que pintan y tres que escriben o  escribieron, para celebrar esta época del año en la que el sol está en plenitud.

Anna Silivonchik, "My Sun", ( 2006). Óleo sobre tela.

 "El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento", Albert Camus,  El revés y el derecho (1937) .

El primer tandem lo integran Albert Camus (1913-1960) a la palabras y Anna Silivonchik (1980) en los pinceles. Del primero, no hay mucho qué decir, porque el año pasado se celebró el centenario de su nacimiento y se dijeron ya montones de cosas. En cuanto a Anna, lo mejor es darse un garbeo por su web y admirar su obra - o, si sabéis ruso, mirar este video-. A mí me ha parecido que el escritor francés -de origen argelino y ancestros menorquines- y la ilustradora bielorusa -de la que apenas sé nada, porque para mí el alfabeto cirílico son como hormigas aplastadas- casan muy bien. Son dos adoradores del sol agradecidos.


Leandro Lamas, "Columpio" (2008)


A plena luz de sol sucede el día,
el día sol, el silencioso sello
extendido en los campos del camino.

Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,
con tanta claridad destinada
que llegaré a morirme de fulgor.

Y no divido el mundo en dos mitades,
en dos esferas negras o amarillas
sino que lo mantengo a plena luz
como una sola uva de topacio (...).

Pablo Neruda, El Sol
La segunda pareja la forman el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) y Leandro Lamas, un ilustrador y pintor gallego del que he tenido noticia  hace unos meses. Leandro  comparte con Anna Silivonchik el gusto por los personajes contorsionados, los amantes voladores y los animalitos acurrucados en las esquinas. Ambos me recuerdan a Marc Chagall, aunque la paleta del artista gallego sea de colores más vivos y las escenas - indefectiblemente  amables- más cotidianas. Me gusta como quedan juntos, Leandro y Pablo, y mientras nadie me diga nada, los dejaré ahí, hombres solares que celebran el lado luminoso de la vida.

En el blog de Lamas, por cierto, puede leerse una cita de Eduardo Galeano que parece ser el leitmotiv de su trabajo: “uno no sólo es realista cuando pinta la realidad que vive o padece, también es realista cuando pinta la realidad que necesita porque en el vientre de este mundo existe otro mundo posible”. Esas palabras, creo yo, nos deberían inspirar también a quienes nos dedicamos a enseñar -especialmente a los que enseñamos humanidades-, ahora que los nuevos planes de estudios son tan restrictivos con los contenidos que no tienen una aplicación práctica inmediata. ¡Lo que no da dinero también existe!. Pero, en fin, ya se sabe cómo somos las personas: el dorado que nos deslumbra no es el del sol precisamente.

Pensando en esto, decidí que la tercera pareja que iba a incluir en esta entrada estaría compuesta por el propio  Eduardo Galeano (1940) y mi adorado Ricardo Siri Liniers (1973).  Un uruguayo y un argentino que, además de idioma y pasión futbolera (Galeano es autor de El fútbol a sol y sombra  -Ed. Siglo XIX, 1995- y Liniers ha dedicado muchas de sus viñetas de este mes de julio al Mundial), comparten y nos regalan una fe inquebrantable en las posibilidades de la realidad - posibilidades de disfrutarla, de cambiarla, de llenarla de luz-.  Para Enriqueta, Fellini y Madariaga, como para Anne Mirak, vale la pena estar ahí, justo ahí: aunque no haya nada nuevo bajo el sol, todo está por descubrir.

Ilustración de Ricardo Siri Liniers

En algún lugar de Pensilvania, Anne Mirak trabaja como ayudante del sol.
Ella está en el oficio desde que tiene memoria. Al fin de cada noche, Anne alza sus brazos y empuja al sol, para que irrumpa en el cielo; y al fin de cada día, bajando los brazos, acuesta al sol en el horizonte.
Era muy chiquita cuando empezó esta tarea y jamás ha faltado a su trabajo, porque ella sabe que el sol la necesita.
Hace medio siglo, la declararon loca. Desde entonces, Anne ha pasado por varios manicomios, ha sido tratada por diversos psiquiatras y ha engullido muchísimos psicofármacos. Nunca consiguieron curarla. Menos mal.

Eduardo Galeano (publicado en La Jornada. México, 15 de abril de 2001. Aquí video del texto.).

viernes, 11 de julio de 2014

Campamento de verano

"Camp d'été", ilustración de Élise Gravel

EL CAMPAMENTO DE LAS MARAVILLAS

Me voy al campamento de las Maravillas,
el que se encuentra junto al lago Paraíso,
al otro lado de la montaña de la Dicha,
allá lejos, en el valle del Optimismo.
Dicen que es verde y que siempre luce el sol,
que los ángeles lo hicieron en una noche
y que su lema es «Alegría y buen humor.»
Estoy seguro de que no hay quien lo soporte.