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viernes, 4 de septiembre de 2015

Aves migratorias

Ilustración de Arthur Rackham para "La doncella Maleen",
 cuento recogido por los hermanos Grimm en reedición de  Jeff A. Menges.
 
LOS COLORES 
"Eran blancas las plumas de los pájaros y blanca la piel de los animales.
Azules son, ahora, los que se bañaron en un lago donde no desembocaba ningún río, ni ningún río nacía. Rojos, los que se sumergieron en el lago de la sangre derramada por un niño de la tribu kadiueu. Tienen el color de la tierra los que se revolcaron en el barro, y el de la ceniza los que buscaron calor en los fogones apagados. Verdes son los que frotaron sus cuerpos con el follaje y blancos los que se quedaron quietos".
 
 

domingo, 19 de abril de 2015

La muerte es mentira


Ilustración de Luis de Horna para 
La piedra arde (1980)
Murió Eduardo Galeano. Murió o lo que sea que ocurre cuando un escritor se va pero deja aquí sus palabras, el testimonio de sus ideas, de sus sentimientos, de lo que vio y de lo que comprendió acerca del mundo y de la naturaleza humana. Para sus allegados es una pérdida inconmensurable, claro; pero para quienes sólo le conocemos por su obra, Galeano sigue entre nosotros, contándonos cuentos con esa naturalidad que sólo puede ser fruto de mucho trabajo. Yo aventuro que sus lectores no le echaremos de menos, porque él continuará, como hasta ahora, compartiendo ratos buenos y malos con nosotros, inspirándonos, ayudándonos a mirar...Para nosotros, él nunca andará demasiado lejos.

Sobre esto escribió, y muy bien, la especialista en literatura infantil Ana Garralón hace unos días. En su blog podéis encontrar una reflexión sobre el vínculo del escritor uruguayo con la literatura infantil y una mención a  La piedra arde (Lóguez Ediciones. 1980) , uno de esos libros “extraños” que me regalaron cuando era pequeña y que ahora está -creo- descatalogado. Era un libro extraño porque los personajes no eran buenos o malos (el niño, Carasucia, entra a robar en el huerto del viejo, antes de que ambos se hagan amigos) y tenían un pasado, una historia, heridas reales y orgullo de ser lo que eran. Además las ilustraciones, de Luis de Horna, eran hermosas de una manera inusual. Por dibujos así, un lector joven puede llegar a entender, intuitivamente, que un artista expresa lo que ve fuera así como él es por dentro. Y, además, el final...Ese final que nos hacía sentir gratitud por las luchas que libraron nuestros abuelos.
Os invito hoy a que leáis o releáis  La piedra arde -aquí, si no de otro modo- para recordar que más tentador que el exilir de la eterna juventud es llegar a ser un viejo sabio y generoso (NOTA: ¡Eduardo lo consiguió!).

Pintura de Luis de Horna, Sin título (Acrílico sobre tabla, 1996).
Imagen extraída de http://www.saber.es/web/biblioteca/libros/la-coleccion-caja-espana-de-pintura/html/cuadros/78.htm

LA CREACIÓN

La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando.
Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto en humo de tabaco, y se sentía feliz y también estremecido por la duda y el misterio.
Los indios makiritare saben que si Dios sueña con comida, fructifica y da de comer.  Si Dios sueña con la vida, nace y da nacimiento.
La mujer y el hombre soñaban que en el sueño de Dios aparecía un gran huevo brillante.  Dentro de huevo, ellos cantaban y bailaban y armaban mucho alboroto, porque estaban locos de ganas de nacer.  Soñaban que en el sueño de Dios la alegría era más fuerte que la duda y el misterio; y Dios, soñando, los creaba y cantando decía:
–  Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre.  Y juntos vivirán y morirán.  Pero nacerán nuevamente.  Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán.  Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira.


viernes, 5 de diciembre de 2014

Lo que cuenta es la intención

Ilustración realizada por supercursi
Ya, ya sé: comprar por decreto, porque sí, porque es Navidad es una costumbre bastante pesada. Antiguamente, cuando uno esperaba todo el año para tener un juguete nuevo o estrenar un par de zapatos, seguro que concentrar las compras en un determinado momento del año tenía sentido y era emocionante. Pero, ahora que hay menos restricciones en ese aspecto y somos espoleados a consumir sin pausa, me da pereza y hasta un poco de vergüenza participar en este despilfarro colectivo. De hecho, la única razón de este post es que, gracias a las ventas navideñas, artistas y artesanos estupendos pueden pasar el invierno. Vale la pena recompensar su esfuerzo y su talento. Y, bueno, la verdad es que lo que crean  tiene alma y no se puede ni comparar a lo que encontramos en las grandes superficies.

Taza ilustrada por Carme Solà
Sin ir más lejos, estas fechas pueden servir de excusa para hacernos con algún objeto decorado por un ilustrador profesional. En este sentido, me gustan las tazas vitalistas de Mónica Carretero y los dibujos delicados con los que Carme Solà ha adornado las suyas. Imagino que, desayunando con estas imágenes ante los ojos, nuestro nivel de optimismo matutino puede incrementarse bastaste. Si vivís en Segovia (yendo al taller) o en Barcelona (en El Celler de la calle Entença), podréis ahorraros los disuasorios gastos de envío; en caso contrario, pensad que por poca diferencia  haréis un regalo único.

Pulsera diseñada por Tere Reyes a partir de un dibujo infantil



Hablando de regalos únicos: hay al menos un par de buenas razones para darse un paseo (aunque sea virtual) por el Fantàstic Handmade Market Barcelona. Uno son las joyas que Tere Reyes elabora a partir de las palabras y dibujos de nuestros seres queridos (hay que encargarlas con antelación, pero esperar al resultado debe de ser parecido a esperar un talismán intrasferible) y, otra, los personajes que habitan en los accesorios y postales de Noesmind: no existen en la realidad, pero me encanta que existan en alguna parte.
Bolsa con asas decorada por N's M



Cucharas creadas por Cerámica Artística Micazuki










Por otro lado, se me ocurre que si Ricitos de Oro hubiera probado las sopas de los osos con las cucharas de cerámica que crean Miguel y Saika, todas le hubieran sabido bien. No lo digo por decir: tengo un bol de los suyos y la comida que pongo en él jamás defrauda (incluso si no es demasiado impresionante, el recipiente consigue darle un aire atractivo, lo que nunca viene mal -como saben los grandes chefs y la bruja de Hansel y Gretel-). Os animo a que visitéis su página. Veréis que, aparte de todo y no sé cómo, las piezas de Micazuki dan ganas de cocinar algo que no engorde.

Finalmente, me gustaría sugeriros la posibilidad de hacer un regalo original: pasar un rato con mi amiga Maribel Montesinos y su cámara. Si conocéis a alguien que esté viviendo un momento especial (un amor, una  maternidad, una paternidad, un viaje, un proyecto o, simplemente, la alegría de estar vivo), Maribel puede inmortalizarlo con arte y sentimiento por un precio razonable. Hacerse fotos de calidad parece totalmente innecesario en los tiempos que corren, pero dentro de unos años nos asombraremos de lo poco que nos evocan los selfies y echaremos de menos tener al menos un par de imágenes de eso que somos cuando no posamos.

Para terminar, os dejo con un pequeño relato que expresa bien lo que siento a veces estos días cuando paseo por el mercado de artesanía que han montado en mi ciudad:

Introducción a la Historia del Arte

Ceno con Nicole y con Adoum.
Nicole habla de un escultor que ella conoce, hombre de mucho talento y fama. El escultor trabaja en un taller inmenso, rodeado de niños. Todos los niños del barrio son sus amigos.
Un buen día la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor empezó a trabajarlo, subido a una escalera, a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer.
Entonces los niños partieron de vacaciones, rumbo a las montañas o  el mar. 
Cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado. Y uno de los niños, con ojos muy abiertos, le preguntó:
-Pero... ¿Cómo sabías que adentro de aquella piedra había un caballo?

viernes, 25 de julio de 2014

Nihil novum sub sole

Yo pensaba que, siendo verano, haría tantas cosas. Actualizar este blog más a menudo, por ejemplo. Escribir un rato todos los días y leerme de principio a fin las Rimas de Bécquer (al que redescubrí durante este curso, cuando impartía clases en 1º de Bachillerato. No es tan cursi, al fin y al cabo). Creí que adecentar la casa nueva me costaría mucho menos y, además, pronto estaría recuperada del cansancio. Me imaginaba aprendiendo a cocinar paella e invitando a mis amigos a degustar el experimento; tratando de tocar Moon River en el balcón con un ukelele prestado; buscando claves secretas en los cuentos de los hermanos Grimm, el diccionario de símbolos en una mano y una lupa enorme en la otra -me estoy quedando cegata y lo de la lupa es una coquetería porque prefiero parecerme a Sherlock Holmes que a Miss Marple-. Pero no. Resulta que estoy vaga y re-vaga y voy lenta con todo, los cacharros se acumulan en el fregadero y la pintura nunca termina de secarse.
Sin embargo, he decidido no atormentarme de más y dejar que los días se sucedan al ritmo que quieran ellos, sin llenarlos de obligaciones ni quejarme de este calor que me inhibe de ser más activa. Esta bien así. Ya fui eficaz en primavera y supongo que volveré a serlo cuando llegue el otoño. Mientras tanto, voy a ceder el protagonismo a seis artistas, tres que pintan y tres que escriben o  escribieron, para celebrar esta época del año en la que el sol está en plenitud.

Anna Silivonchik, "My Sun", ( 2006). Óleo sobre tela.

 "El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento", Albert Camus,  El revés y el derecho (1937) .

El primer tandem lo integran Albert Camus (1913-1960) a la palabras y Anna Silivonchik (1980) en los pinceles. Del primero, no hay mucho qué decir, porque el año pasado se celebró el centenario de su nacimiento y se dijeron ya montones de cosas. En cuanto a Anna, lo mejor es darse un garbeo por su web y admirar su obra - o, si sabéis ruso, mirar este video-. A mí me ha parecido que el escritor francés -de origen argelino y ancestros menorquines- y la ilustradora bielorusa -de la que apenas sé nada, porque para mí el alfabeto cirílico son como hormigas aplastadas- casan muy bien. Son dos adoradores del sol agradecidos.


Leandro Lamas, "Columpio" (2008)


A plena luz de sol sucede el día,
el día sol, el silencioso sello
extendido en los campos del camino.

Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,
con tanta claridad destinada
que llegaré a morirme de fulgor.

Y no divido el mundo en dos mitades,
en dos esferas negras o amarillas
sino que lo mantengo a plena luz
como una sola uva de topacio (...).

Pablo Neruda, El Sol
La segunda pareja la forman el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) y Leandro Lamas, un ilustrador y pintor gallego del que he tenido noticia  hace unos meses. Leandro  comparte con Anna Silivonchik el gusto por los personajes contorsionados, los amantes voladores y los animalitos acurrucados en las esquinas. Ambos me recuerdan a Marc Chagall, aunque la paleta del artista gallego sea de colores más vivos y las escenas - indefectiblemente  amables- más cotidianas. Me gusta como quedan juntos, Leandro y Pablo, y mientras nadie me diga nada, los dejaré ahí, hombres solares que celebran el lado luminoso de la vida.

En el blog de Lamas, por cierto, puede leerse una cita de Eduardo Galeano que parece ser el leitmotiv de su trabajo: “uno no sólo es realista cuando pinta la realidad que vive o padece, también es realista cuando pinta la realidad que necesita porque en el vientre de este mundo existe otro mundo posible”. Esas palabras, creo yo, nos deberían inspirar también a quienes nos dedicamos a enseñar -especialmente a los que enseñamos humanidades-, ahora que los nuevos planes de estudios son tan restrictivos con los contenidos que no tienen una aplicación práctica inmediata. ¡Lo que no da dinero también existe!. Pero, en fin, ya se sabe cómo somos las personas: el dorado que nos deslumbra no es el del sol precisamente.

Pensando en esto, decidí que la tercera pareja que iba a incluir en esta entrada estaría compuesta por el propio  Eduardo Galeano (1940) y mi adorado Ricardo Siri Liniers (1973).  Un uruguayo y un argentino que, además de idioma y pasión futbolera (Galeano es autor de El fútbol a sol y sombra  -Ed. Siglo XIX, 1995- y Liniers ha dedicado muchas de sus viñetas de este mes de julio al Mundial), comparten y nos regalan una fe inquebrantable en las posibilidades de la realidad - posibilidades de disfrutarla, de cambiarla, de llenarla de luz-.  Para Enriqueta, Fellini y Madariaga, como para Anne Mirak, vale la pena estar ahí, justo ahí: aunque no haya nada nuevo bajo el sol, todo está por descubrir.

Ilustración de Ricardo Siri Liniers

En algún lugar de Pensilvania, Anne Mirak trabaja como ayudante del sol.
Ella está en el oficio desde que tiene memoria. Al fin de cada noche, Anne alza sus brazos y empuja al sol, para que irrumpa en el cielo; y al fin de cada día, bajando los brazos, acuesta al sol en el horizonte.
Era muy chiquita cuando empezó esta tarea y jamás ha faltado a su trabajo, porque ella sabe que el sol la necesita.
Hace medio siglo, la declararon loca. Desde entonces, Anne ha pasado por varios manicomios, ha sido tratada por diversos psiquiatras y ha engullido muchísimos psicofármacos. Nunca consiguieron curarla. Menos mal.

Eduardo Galeano (publicado en La Jornada. México, 15 de abril de 2001. Aquí video del texto.).