sábado, 10 de enero de 2015

Mujeres que caminan con los osos (II)


"Niña y oso" de Anna Silivonchik
Ilustración de Theodore Kittelsen
para "The polar Bear King" (1912)
Una de las cosas que más me gustan de las fiestas navideñas es el tiempo que puedo pasar en chandal y sin zapatos, sin mirar el reloj, tan pancha. Y no hacer nada y leer y, como una cosa lleva a otra, al final escribir (pero si no me sale, oye, pues bien igual; que mañana será otro día tan bueno como el que que acaba de pasar para ir en chandal y con los pies descalzos y probar de nuevo). 
Lo que hago en esas fechas -comidas pantagruélicas aparte- se parece un poco a un proceso de hibernación, como el de...¡Ah! Los osos...Todavía no he acabado con ellos, me temo. De hecho, mi colección de ilustraciones de osos y mujeres ha seguido engordando en estos meses y yo continuo descubriendo secretos en los cuentos.
En un post anterior, os hablé del simbolismo del oso en clave femenina (vinculado a la maternidad, a la naturaleza cíclica del tiempo, a lo lunar, a la tutela amorosa de lo que crece). Pero el oso tiene también unas características masculinas bien representadas en los cuentos tradicionales. Fuertes e independientes, solitarios y territoriales, los osos son animales imponentes, capaces de inspirar afecto y respeto. Por ello -con sus peculiaridades más o menos tergiversadas o dulcificadas-, aparecen en un sinfín de historias para niños.  

Ilustración de Kaebobee inspirada en el cuento
 "El oso de la luna creciente"
Para no apartarme excesivamente del contenido de las imágenes, voy a centrarme en esa estirpe de cuentos que, genéricamente, tratan el tema de un príncipe encantado. Supongo que os suena: un príncipe, transformado por un maleficio en animal (o un ser de apariencia feroz y extraña), entabla una relación con una doncella. El contacto con esta muchacha, la forma en que ella lo trata y los sacrificios que realiza por él (de manera voluntaria o siguiendo un dictado paterno), hacen posible que, con el tiempo, el encantamiento se rompa y el príncipe retorne a su apariencia original -que es la de un hombre bello y bueno en todos los sentidos-. A esta categoría pertenecen El príncipe sapo y Blancanieve y Rosaroja, por citar dos cuentos de los hermanos Grimm muy conocidos. También La Bella y la Bestia sigue el mismo patrón, que, en esencia, recrea elementos del mito de Eros y Psique recogido por Apuleyo.  

Ilustración de Hanna Liekeland
A Good Natured Bear
 (ilustración victoriana, libre de derechos)
Existen muchas variantes de este esquema (sólo en la narrativa tradicional castellana encontramos multitud de ellas -véase aquí-), lo que da una idea de hasta qué punto ha arraigado en nuestro imaginario la idea del hombre animalizado que sólo puede ser salvado de su condición indeseable por su amada. Lo curioso es que no pocas veces ese hombre hechizado tiene la apariencia de un oso. ¿Por qué un oso? Seguramente porque hubo un tiempo en que los osos salvajes eran una presencia sobrecogedora no muy alejada de los enclaves humanos. Y porque el oso, si nos fijamos bien,  es un mamífero con cierto parecido a nosotros en su capacidad de erguirse sobre sus patas traseras, su gusto por la miel, la forma en que la madre cría a los oseznos durante un período dilatado y que, además, posee una faz que nos puede resultar en cierto modo familiar  (se dice que un oso puede fácilmente distinguirse de otro por sus rasgos faciales e, incluso, que la expresión de éstos puede cambiar de manera significativa de un momento a otro). Teniendo esto en cuenta, no es raro que este animal haya sido el predilecto para encarnar los aspectos más bárbaros de la naturaleza humana. 

Es habitual en estas historias de príncipes encantados que la confianza primero y el amor después sean el detonante de la humanización del príncipe. La muchacha reconoce las virtudes de la bestia, pese a la fiereza de su aspecto, y, si se impone una separación, no se resigna, sino que emprende un viaje y atraviesa duras pruebas para reunirse con él, su esposo animal. Cuando el trayecto culmina, ambos se reencuentran en unas condiciones nuevas, porque han sido transformados por la experiencia. La valentía, la lealtad y la perseverancia reciben como recompensa poder ver y amar al otro en su verdadera esencia. 

Ilustración de Gabriella Barouch
Los cuentos de este tipo, los llamados cuentos maravillosos, presentan varios niveles de lectura y, cuando más profundizamos en ellos, mayor es el alcance de lo que nos comunican. Así, en este caso, podríamos considerar que los cuentos sobre un príncipe encantado hablan acerca de las relaciones de pareja y de las dificultades que éstas encaran en su inicio, cuando las personas implicadas no se muestran íntegramente, sino a través de una máscara que los aprisiona (el animal debe dejar de serlo y la doncella debe trascender su estado de inocencia para que el verdadero matrimonio se produzca). Pero también podemos interpretar que estos dos oponentes, másculino y femenino, Bestia y Bella, barbarie y civilización, se refieren a un proceso interno, intrapsíquico,  que tiene lugar en el interior de todos nosotros para llegar a ser un humano completo.
Pudiera ser, por ejemplo, que estos cuentos trataran acerca de cómo domeñar y convivir con nuestro instinto, nuestra animalidad. Con nuestro lado salvaje. O con nuestra sombra. O sobre cómo tratar con esos aspectos de nuestra psique menos desarrollados. Si fuera así, me parece muy interesante lo que nos transmiten las diferentes imágenes que he reunido esta vez en torno a las mujeres y los osos, porque cada una de ellas expresa una vinculación diferente con este amigo-enemigo que está en nosotras. Cada artista encuentra su propia fórmula, sus matices. ¿Y tú? ¿Has pensado en cuál es la relación con tu oso?.
Desde luego, no soy quien para dar consejos en lo que a exploración de nuestros lugares oscuros se refiere, pero creo que si os aventuráis por esos derroteros no estará de más recordar que "el hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso". Don't be affraid!

lunes, 5 de enero de 2015

Noche estrellada

El 2 de abril de 2006, el autor  Ján Uličiansky (Bratislava, 1955) leyó este texto que, con motivo del  Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, le había sido encargado por el IBBY de Eslovaquia (país que aquel año actuaba como sponsor internacional del evento).  He creído conveniente copiarlo ahora por si algún Rey Mago despistado tiene en mente regalarme calcetines. 

Ilustración de Fujita Mikiko

El destino de los libros está escrito en las estrellas

Los adultos suelen preguntarse qué ocurrirá con los libros cuando los niños dejen de leerlos. Una posible respuesta sería:"¡Los cargaremos en enormes naves espaciales y los enviaremos a las estrellas!"
¡Maravilloso…! 
En realidad, los libros se parecen a las estrellas que brillan en el cielo nocturno. Existen tantas que no se las puede contar y se encuentran tan lejanas que no nos animamos a llegar hasta ellas. Pero imaginemos qué profunda sería la oscuridad si algún día todos los libros, esos cometas de nuestro universo cerebral, se extinguieran y dejaran de irradiar su infinita energía de conocimiento humano e imaginación… 
¡Dios mío! 
¿¡Piensan que los niños no son capaces de comprender semejante ficción científica!? Muy bien, entonces regresaré a la tierra para recordar los libros de mi infancia. De hecho, es lo que se me ocurrió mientras contemplaba la Osa Mayor, la constelación que los eslovacos llamamos "El Gran Carro",  porque mis libros más queridos llegaron a mí en un carro… Es decir, el primer destinatario no fui yo sino mi madre. Sucedió durante la guerra. 
Mi madre se encontraba un día al borde del camino cuando vio acercarse un carro a los tumbos. Lo arrastraba una yunta de caballos y se solía usar para transportar heno, pero en esa ocasión iba cargado de libros hasta el tope. El conductor le dijo a mi madre que llevaba los libros de la biblioteca del pueblo a un lugar seguro, para salvarlos de la destrucción. 
En ese entonces mi madre era una niña a quien le gustaba mucho leer y al ver semejante mar de libros sus ojos brillaron como estrellas. Hasta ese momento sólo había visto carros cargados de heno, de paja o quizás de estiércol. Para ella un carro lleno de libros era algo que sólo podía existir en un cuento de hadas. Y se animó a preguntar: 
"Por favor, ¿no podría darme al menos un libro de esa pila tan enorme?". 
El hombre asintió con una sonrisa, saltó del carro y desenganchó uno de los costados mientras decía: 
"¡Puedes llevarte todos los libros que queden en el camino!". 
Los libros cayeron ruidosamente al camino polvoriento y poco después el extraño transporte desapareció tras una curva. Mi madre los recogió con el corazón agitado por la emoción. Después de quitarles el polvo, descubrió entre ellos, por pura casualidad, una colección completa de los cuentos de Hans Christian Andersen. En los cinco volúmenes encuadernados en diversos colores no había una sola ilustración, pero como por arte de magia esos libros iluminaron las noches que tanto la aterrorizaban, porque durante esa guerra había perdido a su madre. Cuando leía aquellos cuentos al atardecer, cada uno de ellos le traía un rayito de esperanza y con una imagen de paz en el corazón, que creaban sus ojos entrecerrados, podía al fin dormirse tranquila, al menos durante un rato… 
Pasaron los años y esos libros llegaron a mis manos. Siempre los llevo conmigo por los polvorientos caminos de mi vida. Y, se preguntarán, ¿de qué polvo estoy hablando?¡Buena pregunta! 
Tal vez haya pensado en el polvo de estrellas que se posa sobre nuestros ojos cuando nos sentamos a leer durante una noche oscura. Siempre y cuando estemos leyendo un libro. A fin de cuentas, podemos leer toda clase de cosas. Una cara humana, las líneas de la mano y las estrellas... 
Las estrellas son los libros del cielo nocturno que iluminan la oscuridad. 
Cuando no estoy seguro si vale la pena escribir otro libro, miro al cielo y me digo que el universo es realmente infinito y con seguridad tiene que quedar espacio para mi pequeña estrella.

Texto de Ján Uličiansky 
(traducido de la versión inglesa por Laura Canteros, extraído de http://www.imaginaria.com.ar/17/7/2-de-abril.htm). 






miércoles, 31 de diciembre de 2014

Érase 365 veces...

Hace semanas que tenía lista mi felicitación de Año Nuevo. Todo estaba preparado (la imagen, el texto, la música) y mi intención era publicarla el 28 de diciembre porque hablaba de la inocencia y de cómo es importante empezar las cosas sin mala intención ni prejuicios ni expectativas desorbitadas. Empezar siendo inocentes. Pero, ¡hélas!, el post se me borró enterito la noche anterior y he tenido que improvisar. Esta inocentada (y, sobre todo, mi torpeza) me han dado un margen para repensar. Y, además, en el entretiempo, he visto este video con escenas no incluidas en el corto “Early Days”, en el que aparece Paul McCartney tocando la guitarra y cantando en una jam improvisada con jóvenes y veteranos bluesman, algunos profesionales y otros amateurs, como Johnny Depp. Y ahí he encontrado algo que no había tenido en cuenta al escribir mi felicitación original y es que hace falta mucho, un montón, tal vez toda la vida, para volver a ser inocentes. Esa inocencia final, destilada, es luminosa aunque sus raíces sean oscuras y no eludan la pena, las pérdidas y los dolores acumulados. De ahí sale una música espiritual aunque le cante a las cosas más mundanas. Así que voy a cambiar un poco mi mensaje: no os que deseo que entréis en el 2015 cándidos cual Caperucita en el bosque, porque eso quizá no sea posible (¡todavía!).  Os deseo que comencéis el año con toda vuestra sabiduría almacenada y con vocación de asombro. Y, por supuesto, si recibimos una pequeña ayudita de nuestra hada madrina, mejor que mejor.  


Imagen extraída de http://fairyillustrations.tumblr.com/post/30653347422

domingo, 21 de diciembre de 2014

Enciende la noche

Ilustración de Noemí Villamuza del álbum Encender la noche (Ed, Kóninos, 2005)
Imagen extraida de
http://www.tecnicolor.es/files/tag-noem00ed-villamuza.html


"Había una vez un niño al que no le gustaba la Noche.
Le gustaban las linternas
 y las lámparas
y las antorchas  y las farolas
y los faros y los resplandores
y las velas y los rayos
y los relámpagos.
Pero no le gustaba la Noche (...)
"


Un niño nictofóbico es el héroe de Encender la nocheel cuento que me gustaría recomendaros hoy que es la noche más larga del año.  Se trata de una narración escrita por Ray Bradbury -que ya sabéis que es un escritor que me encanta- y, en esta edición de Kóninos, está ilustrada por Noemí Villamuza, autora de unos dibujos siempre poéticos y muy hermosos.
Al protagonista de esta historia le da miedo quedarse a oscuras, pero siente el anhelo de jugar con otros niños en las noches de verano; ¿conseguirá realizar su deseo?. Lo ideal sería que lo averiguarais leyendo en la cama, pero si no disponéis de un ejemplar a mano, podéis ver este video (siempre y cuando apaguéis primero todas las luces):

 

Increíble, ¿no?. Todo lo que nos perdemos -los grillos, las ranas, las estrellas...- por no darle al interruptor de vez en cuando.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Los ausentes

Ilustración de Marta Altés
Este cuento se lo dedico a mis alumnos, que viajan gratis por el universo infinito y más allá y luego se quejan de que pregunto en el examen "cosas que no están en el libro". 

LOS AUSENTES
Una vez, después de haber recitado las Dieciocho Bendiciones, el rabí de Berditchev se dirigió a varias personas presentes en la Casa de Oración y las saludó diciéndoles: "La paz sea con vosotros", varias veces, como si acabaran de volver de un largo viaje. Cuando lo miraron sorprendidas, dijo: "¿De qué os asombráis tanto? ¿No estabais muy lejos, acaso? Tú en un mercado, y tú en un barco cargado de grano, y cuando cesó el sonido de la plegaria volvisteis, y por ello os saludo".

Martin BUBERCuentos jasídicos. Los primeros maestros II, Ed. Paidós Mexicana, 1988, pág.59.


PD: No lo sé, pero me gusta pensar que a Marta Altés, la autora de la ilustración que acompaña estas líneas, se le ocurrió la idea de  sacarle punta a lo de sacar punta un día que no estaba prestando  atención en clase. 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Lo que cuenta es la intención

Ilustración realizada por supercursi
Ya, ya sé: comprar por decreto, porque sí, porque es Navidad es una costumbre bastante pesada. Antiguamente, cuando uno esperaba todo el año para tener un juguete nuevo o estrenar un par de zapatos, seguro que concentrar las compras en un determinado momento del año tenía sentido y era emocionante. Pero, ahora que hay menos restricciones en ese aspecto y somos espoleados a consumir sin pausa, me da pereza y hasta un poco de vergüenza participar en este despilfarro colectivo. De hecho, la única razón de este post es que, gracias a las ventas navideñas, artistas y artesanos estupendos pueden pasar el invierno. Vale la pena recompensar su esfuerzo y su talento. Y, bueno, la verdad es que lo que crean  tiene alma y no se puede ni comparar a lo que encontramos en las grandes superficies.

Taza ilustrada por Carme Solà
Sin ir más lejos, estas fechas pueden servir de excusa para hacernos con algún objeto decorado por un ilustrador profesional. En este sentido, me gustan las tazas vitalistas de Mónica Carretero y los dibujos delicados con los que Carme Solà ha adornado las suyas. Imagino que, desayunando con estas imágenes ante los ojos, nuestro nivel de optimismo matutino puede incrementarse bastaste. Si vivís en Segovia (yendo al taller) o en Barcelona (en El Celler de la calle Entença), podréis ahorraros los disuasorios gastos de envío; en caso contrario, pensad que por poca diferencia  haréis un regalo único.

Pulsera diseñada por Tere Reyes a partir de un dibujo infantil



Hablando de regalos únicos: hay al menos un par de buenas razones para darse un paseo (aunque sea virtual) por el Fantàstic Handmade Market Barcelona. Uno son las joyas que Tere Reyes elabora a partir de las palabras y dibujos de nuestros seres queridos (hay que encargarlas con antelación, pero esperar al resultado debe de ser parecido a esperar un talismán intrasferible) y, otra, los personajes que habitan en los accesorios y postales de Noesmind: no existen en la realidad, pero me encanta que existan en alguna parte.
Bolsa con asas decorada por N's M



Cucharas creadas por Cerámica Artística Micazuki










Por otro lado, se me ocurre que si Ricitos de Oro hubiera probado las sopas de los osos con las cucharas de cerámica que crean Miguel y Saika, todas le hubieran sabido bien. No lo digo por decir: tengo un bol de los suyos y la comida que pongo en él jamás defrauda (incluso si no es demasiado impresionante, el recipiente consigue darle un aire atractivo, lo que nunca viene mal -como saben los grandes chefs y la bruja de Hansel y Gretel-). Os animo a que visitéis su página. Veréis que, aparte de todo y no sé cómo, las piezas de Micazuki dan ganas de cocinar algo que no engorde.

Finalmente, me gustaría sugeriros la posibilidad de hacer un regalo original: pasar un rato con mi amiga Maribel Montesinos y su cámara. Si conocéis a alguien que esté viviendo un momento especial (un amor, una  maternidad, una paternidad, un viaje, un proyecto o, simplemente, la alegría de estar vivo), Maribel puede inmortalizarlo con arte y sentimiento por un precio razonable. Hacerse fotos de calidad parece totalmente innecesario en los tiempos que corren, pero dentro de unos años nos asombraremos de lo poco que nos evocan los selfies y echaremos de menos tener al menos un par de imágenes de eso que somos cuando no posamos.

Para terminar, os dejo con un pequeño relato que expresa bien lo que siento a veces estos días cuando paseo por el mercado de artesanía que han montado en mi ciudad:

Introducción a la Historia del Arte

Ceno con Nicole y con Adoum.
Nicole habla de un escultor que ella conoce, hombre de mucho talento y fama. El escultor trabaja en un taller inmenso, rodeado de niños. Todos los niños del barrio son sus amigos.
Un buen día la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor empezó a trabajarlo, subido a una escalera, a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer.
Entonces los niños partieron de vacaciones, rumbo a las montañas o  el mar. 
Cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado. Y uno de los niños, con ojos muy abiertos, le preguntó:
-Pero... ¿Cómo sabías que adentro de aquella piedra había un caballo?

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Huida hacia adelante

Ilustración de Tran Nguyen extraida de http://www.tor.com/blogs/2012/07/picturing-books

Si no hubiera podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventar
mis propios mundos, me hubiera muerto. Entré en la literatura a través de los cuentos de
hadas. Fue mi primer contacto con ella. Yo era una niña muy solitaria, muy introvertida,
tartamuda, tenía muchos problemas. Era muy pequeña cuando mi tata me leyó el primer
cuento. Fue como si me entrase aire en los pulmones. Me dije que de mayor sería
escritora. A los cinco años empecé a escribir mis propios cuentos. No lo sabía entonces,
pero lo aprendí pronto : los cuentos de hadas son la expresión del pueblo, de un pueblo
que aún no tenía voz, excepto para transmitir de padres a hijos todas las historias que
conforman nuestra existencia. De padres a hijos, de boca en boca, llegaron hasta nosotros
las viejísimas leyendas (...).

Declaraciones de Ana Mª MATUTE  en « El cuento es la poesía de la prosa » (El País, 18 de agosto de 2001).