Reconozco que siento algo de impaciencia por ver qué traerán el martes mis alumnos a clase. La última hora del viernes la pasamos evocando escenarios terroríficos y personajes y situaciones de pesadilla. Ellos saben de eso mucho más que yo: vampiros sedientos, payasos asesinos y Frank Estein (sic) son viejos conocidos. Ahora, tras esa lluvia de ideas macabra, les toca a ellos escribir una historia que no me deje dormir. O, como mínimo, que haga que me vaya a la cama pensado que este trabajo, de vez en cuando, vale la pena.
Os dejo con un vídeo en el que la escritora y cuentacuentos Paula Carballeira muestra con pericia lo que es un buen planteamiento, un nudo apretado y un deslenlace no por esperado menos contundente. ¡Que os desveléis bien, meniños!
"Nada de lo que ocurre en un cuento popular es gratuito o superfluo. Contra lo que puedaparecer, todo en él tiene un sentido, más o menos oculto, más o menos evolucionado a partir de antiguas creencias, ritos, costumbres, a través de los cuales la humanidad se ha forjado a sí misma, dejando en la tradición oral el testimonio de un camino quizás demasiado largo para lo poco que lo estimamos.
Hábilmente engarzados en esos relatos, tan simbólicos que ya ni siquiera lo parecen, llegan hasta hoy multitud de mensajes cifrados. Algunos desde ese fondo de los tiempos que venimos llamando la Proto-Historia. Otros, desde el fondo de nosotros mismos; lo cual, bien mirado, no es sino una variante de lo anterior. En todo caso, lo único que en realidad puede hacerse con los cuentos populares es intentar descifrarlos.
Para ello existen dos procedimientos. A uno lo llamaremos el natural y a otro el científico. El procedimiento natural consiste simplemente en escuchar-aprender-repetir, cuantas más veces mejor, obteniendo de los cuentos la secreta sustancia de que son portadores (...)".
Me desagrada el calificativo "con valores"que
se le añade últimamente a algunas colecciones de cuentos ¿Es
que, acaso, existen "cuentos sin valores"?
¿Cuentos que no transmiten nada o, todavía peor, que transmiten
algo que no interesa? Porque da la impresión de que quienes
pretenden que hay unos cuentos "con valores",
suponen que el resto, lo anterior, son naderías pasadas de
moda, llenas de barbaridades y mensajes reaccionarios.
Yo creo que es cierto que, en los cuentos
tradicionales, en sus versiones más antiguas, abundan pasajes de una
crudeza tremenda (hay orfandad, abandono, noches muy oscuras,
desmembramientos y hasta canibalismo), pero los finales son felices
y no es por casualidad. Porque en esas
historias el mal paga, las dificultades se superan; hay
autorrealización y reconciliación de los opuestos.
La verdad es que en la vida es fácil perderse
en el bosque (hay muchos tipos de bosque y muchas formas de
perderse), y, como les sucede a los personajes de los
cuentos populares, más pronto o más tarde todos
aprendemos que ser demasiado ingenuo, o demasiado ambicioso, o
demasiado presumido puede ser un problema. ¿No es ésa, acaso, una
información muy provechosa? En los cuentos maravillosos se nos
explica que hay que ser amable cuando alguien solicita nuestra ayuda
y resuelto contra ogros, lobos y dragones de toda índole. También
se nos dice que nuestros actos tienen consecuencias y la
perseverancia cosecha su recompensa. Así que en esas historias hay
esperanza y, si las estudiamos a fondo (o incluso sólo con leerlas o
escucharlas) podemos encontrar un mapa, una guía a seguir para salir
del laberinto.
Hace años tuve un sueño que nunca he olvidado.
Soñé que estaba en una casa donde pasé muchos fines de semana y
veranos en mi infancia. Es una casa enorme, antigua, llena de
escaleras y rincones en penumbra. Aunque llevo lustros sin pisarla,
es uno de los lugares que más frecuento en sueños. Soñé que
entraba en una de las estancias y allí todo parecía armonioso, iluminado por
una luz blanca muy brillante. Había montones de libros y algo así
como ángeles trabajando sin prisas en crear juguetes y pequeños
objetos y en escribir narraciones maravillosas que sucedían al mismo
tiempo que se contaban. En ese taller fantástico revolví dentro de
los baúles, me probé ropa preciosa y escuché cuentos que podía
encarnar y vivir. Luego, alguien me acompaño a la puerta, me
despidió con afecto pero no me dejó llevarme nada, ni siquiera un libro de tapas doradas que me encantaba y no había podido terminar, ni siquiera una horquilla para el pelo. Me desperté
contenta y triste porque había encontrado “la habitación del
tesoro”, pero había salido de allí con las manos vacías.
Bastante tiempo después, empecé mi formación en cuentoterapia y, un día, cuando entraba en la sala donde tenía
lugar uno de los cursos, vi a mis compañeros, a mis profesores, los
montones de libros desparramados por el suelo, oí la música sonando
(siempre llego tarde)...Y, bueno, no sé, no tengo ni idea de cómo
lo he hecho, pero sentí que había vuelto a encontrar “la
habitación del tesoro”. Y, además, aquella vez, y todas las
que han seguido, he regresado “a la realidad” siempre con
algo, un objeto, sí, y también un cuento con (casi) todos sus
secretos desvelados.
Lo que quiero decir es que, cuando me siento
perdida, asustada o, simplemente, harta, ahora sé a dónde acudir
para encontrar algún alivio. Leo un cuento o lo escucho; siento,
pienso, busco las claves. Recuerdo “la habitación del tesoro”
y me imagino allí. ¿Podría un cuento sin valores lograr
trasladarnos a ese lugar tan puro donde las cosas se ordenan y cobran
sentido?.
PD: Os enlazo un vídeo de Ana Mª Matute y Antonio Rodríguez Almodóvar charlando de sus cosas. Es una maravilla. Estos dos salieron de la habitación del tesoro con un saco cargadísimo.
Ilustración para Háblamede Marco Berrettoni Carrara(Autor), Chiara Carrer(Iltr.), Ed. Kalandraka, 2010. "El álbum ilustrado es para mí un poseedor de misterio, sorpresa, emoción y sentimiento. Es un acto de valor contra la velocidad, para ir despacio, observar y escuchar nuestro mundo interior". Chiara Carrer
Ilustración de Phoebe Walh Siete brujas
formaron la ronda,
siete brujas
con zapatos rosa,
siete brujas
en escobas verdes,
siete brujas
con batas celestes.
La bruja de la montaña,
la bruja del cafetal,
la bruja de la llanura,
las dos brujas del volcán,
una que vive en la selva
y la que vino del mar.
Siete brujas
formaron la ronda
en la noche cuajada de luces,
siete brujas
en escobas verdes,
siete brujas
en batas celestes.
Ha terminado el verano;
empieza la parte del año que más me gusta. El otoño me parece algo así
como tener una despensa repleta de recuerdos en tarros y experiencias en conserva
y, a la vez, la nevera llena de posibilidades. Es un tiempo para
explorar sin sudar tanto, para proponerse retos y a ver qué pasa. A este respecto, y si os
está costando un poco asimilar el cambio, hay un cuento que puede
ayudar: No te vayas(Ed. Kókinos, 2009),
escrito por la excelente Gabriela Keselman e ilustrado por Gabriela Rubio. Y es que nunca viene mal recordar que finales y
principios se encadenan inevitablemete en la vida y no hay nada
(saludable) que podamos hacer para evitarlo.
Pero hoy de lo que quería
hablaros es del primer regalo del otoño: la luna llena de setiembre,
que en esta ocasión es especial porque es una superluna y se producirá un supereclipse. La verdad es que la especialista en estos temas es mi amiga
Vanesa Ravira, quien desde hace ya unos años desarrolla talleres
sobre las fases lunares, el ciclo menstrual y su equivalente en las
edades de la mujer - la doncella, la hechicera, la madre y la bruja o
mujer sabia-; sin embargo, espero no decir ninguna tontería si afirmo que
la de hoy es una supernoche para sacar las escobas y reunirnos las mujeres en
un círculo. Pasan cosas tan terribles por el mundo en estos días, las imágenes son tan crudas y la realidad todavía más, que cualquier oportunidad de recordar que somos seres humanos llenos de potencial para ser mejores bienvenida sea.
En los círculos de mujeres se habla, se canta, se baila, se ríe o se llora y, sobre todo, se comparte. Es un encuentro distinto en cada ocasión, en el que cada una aporta algo y, al final, todas nos vamos sintiéndonos reconocidas y más fuertes, hasta la próxima luna.
Lo ideal, claro, es que sea un círculo físico y tangible -preferiblemente en la naturaleza-; pero, si por causa de fuerza mayor, esto fuera imposible, supongo que un círculo virtual también servirá, siempre que las interesadas consigan centrarse y entregarse a la experiencia. Así que ésta es mi aportación a un hipótetico círculo virtual de mujeres que esta noche busquen por aquí una señal de nuestra hermandad femenina: un inspirado poema de Gloria Cecilia Díaz. una ilustración de Phoebe Walh (¡soy fan!) y una versión de Tonada de luna llena a cargo de Silvia Pérez Cruz, esa cantante extraordinaria. Y, por supuesto, mis mejores deseos para todas en este otoño recién estrenado.
"Imagínate que un día estás de paseo por el bosque. De pronto descubres una pequeña nave espacial en el sendero delante de ti. De la nave espacial sale un pequeño marciano que se queda parado, mirándote fijamente.
¿Qué habrías pensado tú en un caso así? Bueno, eso no importa, ¿pero se te ha ocurrido alguna vez pensar que tú misma eres una marciana?
Es cierto que no es muy probable que te vayas a topar con un ser de otro planeta. Ni siquiera sabemos si hay vida en otros planetas. Pero puede ocurrir que te topes contigo misma. Puede que de pronto un día te detengas, y te veas de una manera completamente nueva. Quizás ocurra precisamente durante un paseo por el bosque.
Soy un ser extraño, pensarás. Soy un animal misterioso.
Es como si te despertaras de un larguísimo sueño, como la Bella Durmiente. ¿Quién soy?, te preguntarás. Sabes que gateas por un planeta en el universo. ¿Pero qué es el universo?
Si llegas a descubrirte a ti misma de ese modo, habrás descubierto algo igual de misterioso que aquel marciano que mencionamos hace un momento. No sólo has visto un ser del espacio, sino que sientes desde dentro que tú misma eres un ser tan misterioso como aquél (...)"
Mañana empiezan las clases. Qué nervios, ¿verdad?. Bueno. Vamos a jugar a pensar que todos lo haremos lo mejor que podamos, que nos equivocaremos tan bien como sepamos, que acertaremos con intención o por accidente. Todos -yo, tú, él, nosotros...- somos sólo personas con más o menos años y experiencia, con más o menos oficio y talento. Considerando esto, esta mañana me vinieron a la cabeza las variaciones que Luis Pescetti (San Jorge -Argentina-, 1958) propone sobre sus propios poemas. Me gusta lo que hace este hombre porque nos recuerda que todo es perfectible y que, aun sobre un molde preestablecido, la intención, la emoción y la particularidad del momento lo cambian todo. Las posibilidades son infinitas y es inevitable que algunos versos sean ripios y otros nos salgan redondos, como les pasa hasta a los mejores poetas. Algo haremos bien, algo haremos mal, pero...¡adelante con la estrofa!.
"Eran blancas las plumas de los pájaros y blanca la piel de los animales.
Azules son, ahora, los que se bañaron en un lago donde no desembocaba ningún río, ni ningún río nacía. Rojos, los que se sumergieron en el lago de la sangre derramada por un niño de la tribu kadiueu. Tienen el color de la tierra los que se revolcaron en el barro, y el de la ceniza los que buscaron calor en los fogones apagados. Verdes son los que frotaron sus cuerpos con el follaje y blancos los que se quedaron quietos".