Estos días, estas semanas, escribo mucho sobre cuentos pero no en el blog, sino en el trabajo final de mi formación en Cuentoterapia. Me lo paso bien y siento que aprendo mucho. También descubro que he aprendido aún más de lo que creía a lo largo de estos tres años. Pero me da pena tener este espacio un poco abandonado, como un desván a merced de los ratones. Echo de menos pasar por aquí y compartir algo con vosotros. Hoy se me ha ocurrido esto, una cosa rapidita, porque empieza febrero y pronto será San Valentín, ese mártir que tiene más de diablo que de santo.
- Sí pensé -respondió Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.
Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.
Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.
- ¿Y por qué no te casaste con ella?
- ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.
¡Menos mal!...Ya pensaba que se habían olvidado de
mí. Como vienen de tan lejos y como, a veces, pido cosas tan raras que
no me alcanzan las palabras para definirlas con exactitud, no las tenía
todas conmigo. Pero, no. No han fallado. Como siempre - bizarros, majos y muy
magos, ellos- han acertado de pleno.
Este final de año estoy
intentando dejar de fumar. A la vez, estoy intentando no engordar y
concentrarme en escribir la memoria de mi formación en
Cuentoterapia. Es mucho intentar, lo sé, pero allá vamos. La mayor
parte del tiempo, no soy muy capaz de escribir. Siempre estoy por
ahí; en una caminata furiosa, o bailando, o admirando belenes
napolitanos o haciendo punto o pilates o lo que sea. A los fumadores
que consideren que su vida es monótona y aburrida, yo les
recomendaria que dejen de fumar. Todo lo que probarán, pensarán y
sentirán a partir del momento en que tomen la decisión y se
pongan a ello hará que sus días sean interesantes. Garantizado.
Esto es intenso. Hay trampas y demonios que susurran los peores
pensamientos y también determinación, recursos desconocidos y
aliados que nos salen al paso. Es una aventura en toda regla.
Y, en este desafío, os
cuento que hay varias lecturas que me están viniendo muy bien.
Clarissa Pínkola y su celebérrimo Mujeres que corren con los lobos, en primer lugar. Profundizaré en ello si algún día
vuelvo a ser capaz de profundizar en algo. De momento, puedo
adelantar que, además de la versión de Las zapatillas rojas incluida en el libro, El oso de la luna crecientey el
minucioso análisis de esta narración hecho por la autora son una
guía muy buena para lidiar con los nervios y los accesos de rabia.
TambiénLos caminos de los árboles (Ediciones La Fragatina, 2011) de Pep Bruno (au.) y Mariona Cabassa (ilutr.). Me lo compré en un
arrebato porque las ilustraciones son preciosas y el texto era justo lo que mi mente pedía en un
momento de vacilación. ¿Qué se necesita para trepar a un árbol?
¿Ser muy grande? ¿Ser muy fuerte? ¡Noooo! Cada árbol es un mundo,
a cada reto sus dificultades, pero algo que suele funcionar es...
No, no lo digo . Así podréis descubrirlo vosotros mismos, en el cuento y en la vida. Es una cosa que tiene que ver con empaparse, con
entrar de verdad en la experiencia, pero sin forzar el progreso. Todo
lleva su tiempo.
Finalmente,Los secretos del abuelo sapo(Editorial Norma, 1997)de Keiko Kasza es otro otro relato
de nieto y abuelo que contiene algunas claves muy útiles para
enfrentarse a nuestro monstruo del momento. Ya sé que, de entrada,
parece muy infantil para algo tan adulto como dejar de fumar, pero es
que las dificultades que tenemos para lograrlo vienen de muy lejos
(de hecho, a veces se me ocurre que es bastante parecido a dejar de
ser un lactante). Y, además, lo que sirve para burlar a un bicho malo,
sirve para todos. Aquí os lo dejo en video:
Seguro que hay más cuentos apropiados para este trance. Os mantendré informados de lo que descubra y, por supuesto, agradezco vuestras aportaciones. Sería estupendo hacer entre todos una antología de cuentos para lograr dejar el tabaco y, en general, los hábitos y las rutinas que ya no queremos. Como se suele decir, lo bueno de los retos difíciles es que no son imposibles; hay que encontrar el camino que nos permita seguir avanzando y confiar en que lo conseguiremos. ¡Feliz año nuevo a todos!.
A las cinco de la tarde Cuando el resplandor se queda sin brillo Y el jardín se sumerge en el último hervor dorado del día Oigo el grupo bullicioso de niños Que salen a cazar luciérnagas.
Corriendo sobre el pasto Se dispersan entre los arbustos, Gritan su excitación, palpan su deslumbre Se arma un círculo alrededor de la pequeña Que muestra la encendida cuenca de sus manos Titilando.
Antiguo oficio humano Este de querer apagar la luz.
¿Te acordás de la última vez que creímos poder iluminar la noche? El tiempo nos ha vaciado de fulgor. Pero la oscuridad Sigue poblada de luciérnagas.
Dentro de unas horas se estrena en todo el mundo (en todo el mundo que está para estas historias, se entiende) la séptima entrega de La Guerra de las Galaxias. Yo no voy a
ir a verla, pero un querido amigo mío hace semanas que tiene la entrada y
lleva literalmente años esperando este
momento. Así que he pensado en dedicarle a él el post de hoy (¡todo llega, G.!),
revelándole de paso un dato que quizá desconozca, y es que el primer cartel de Star Wars, el que corresponde a la
primera película de la saga, lo realizaron los hermanos Hildebrant.
Tim y Greg Hildebrant
-dos gemelos deDetroit que en la década
de los 70 estaban especializados en ilustrar
obras de literatura fantástica, cómics y juegos de cartas- fueron los responsables de sintetizar en una
imagen la propuesta de un por entonces joven George Lucas y su equipo. Cuando
recibieron el encargo, Tim y Greg estaban enfrascados en la confección de
algunos de los dibujos por los que hoy figuran en la Wikipedia y se les dedican
libros y páginas web: ellos fueron los autores, entre otras, de las imágenes
que acompañan una serie de calendarios de los años 70 -hoy en día considerados piezas para coleccionistas- dedicados a El Señor de los anillos. Como podéis ver, son ilustraciones muy de la época; minuciosas, bonitas y un tanto psicodélicas.
Y, ya que estoy, aprovecho para citar una anécdota que J.R.R.Tolkien refiere en su
ensayo “Sobre los cuentos de hadas”
(incluido en Árbol y hoja, Ed.
Minotauro, 1994) a propósito de la realidad y la fantasía:
"Aunque parezca increíble, no hace mucho
tiempo que le oí comentar a un médico interno de Oxford que a él le «satisfacía»
la proximidad de las fábricas de producción en serie y el estruendo del tráfico
rodado en continuo embotellamiento porque ponía a la Universidad «en contacto
con la vida real». Quizá quería indicar que el modo en que el hombre del siglo
XX vive y trabaja aumenta en brutalidad a pasos alarmantes, y que la ruidosa
prueba de ello en las calles de Oxford ha de servir de aviso de la
imposibilidad de conservar durante mucho tiempo con unas simples vallas y sin
una auténtica reacción ofensiva (práctica e intelectual) un oasis de cordura en
un desierto de irracionalidad. Pero mucho me temo que no se refería a esto. En
cualquier caso, la expresión «vida real» parece quedar en este contexto
bastante lejos de sus usos académicos. Es sorprendente la idea de que los
coches están más «vivos» que, digamos, los centauros o los dragones; que sean
más «reales», pongamos por caso, que los caballos es algo patéticamente
absurdo. ¡Qué real, qué sorprendentemente viva es la chimenea de una fábrica
comparada con un olmo, ese pobre objeto caduco, sueño banal de un visionario!
A mí en particular me resulta inconcebible que el techo de la estación de
Betchley sea más «real» que las nubes. Y como artefacto, lo encuentro menos
inspirador que la legendaria cúpula del firmamento. La pasarela que lleva al
andén 4 despierta en mí menos interés que Bifröst ['arco iris'] guardado por
Heimdall con su Gjallarhorn. No puedo apartar de lo que aún queda de indómito
en mi corazón el interrogante de si los ingenieros del ferrocarril, de haber
sido educados con un poco más de fantasía, no habrían sido capaces de mejores
logros con los abundantes medios que por lo general poseen. Imagino que los
cuentos de hadas serían mejores humanistas que el universitario al que antes he
aludido (...)"
No sé que pensaría el escritor inglés sobre La Guerra de las Galaxias. Presumo que el sonido de las espadas láser y el frenesí de las aeronaves surcando el cielo no sería muy de su agrado. Sin embargo, creo que sabría apreciar las bondades de una narración que, por un rato, nos aleja (o aleja a quien le guste) de esta vida real tan llena de urgencias irreales. Como dijo Francisco Giner de los Ríos: "nada es tan necesario como lo completamente inútil". Creo que dedicar tiempo a leer, a ver una película, a bailar, a pasear por la montaña y observar y disfrutar de la naturaleza es algo que nos restituye la verdadera realidad,ésa que el ritmo de vida actual a menudo nos roba de mil y una maneras distintas, un ratito más cada día que pasa. Yo ya no quiero ser tan eficiente ni estar tan enterada de lo que ocurre por el mundo. Pienso que las noticias en cadena sobre los horrores que suceden a diario terminan por insensibilizarnos. Necesito escapar de eso para volver a sentir asombro y compasión.
Si yo fuera un hobbit diría que hay que proteger la Comarca. Pensándolo bien, lo digo igualmente: hay que proteger nuestra Comarca, nuestro tiempo libre, nuestro tiempo de vagabundeo. Nuestro aburrimiento, nuestros sentimientos y emociones genuinas. Estamos tan informados, ocupados y zarandeados. Tenemos Facebook, Twitter, Whatsapp, las retransmisiones especiales en la televisión, la "suerte" de poder terminar en casa el trabajo del día, las tiendas abiertas en domingo, las aglomeraciones...Este Dragon Khan funciona las 24 horas, no hay quien lo pare .
Por eso me gusta que G. esté ilusionado por acudir al estreno de una película y se haya preparado para ello como si todavía fuera un niño. Y por eso me gustan las ilustraciones de los hermanos Hildebrant, hechas con evidente mimo y cariño por los personajes. En eso no entra la urgencia ni la improvisación, sino la paciencia. Entra el voy a tomarme mi tiempo y al que no le guste que se espere. Entra la fantasía, de la que hablaba Tolkien en su escrito, y el deseo de hacer reales los momentos y las cosas bellas que imaginamos.
"El primer paso para ser libres es darnos cuenta de lo que nos encadena”