domingo, 23 de agosto de 2015

Plegarias atendidas

 ¿Qué pasaría si todo lo que deseamos pudiera ser nuestro con la sola fuerza del pensamiento? ¿Qué sería de nosotros si nunca nadie ni nada nos enseñara a renunciar, a ceder, a pactar, a esforzarnos más o a esforzarnos menos y conformarnos con lo que hay? ¿Nos haría eso más creativos, más empáticos y más felices?

Me pareció una idea muy sensata, aunque contradiga la sarta de libros de autoayuda que nos hacen sentir mejor a ratos asegurándonos que todo está a nuestro alcance si somos capaces de visualizar correctamente lo que queremos y de dar los pasos místicos y esotéricos apropiados. La realidad es que no podemos “ganar un millón de dólares” ni recuperar el amor perdido encendiendo barritas de incienso por toda la casa. Y está bien así. Al menos, eso es lo que los cuentos de hadas, en sus versiones genuinas,  llevan cientos de años enseñándonos:
"La concesión de deseos es parte fundamental de la magia y en los cuentos de hadas hay pozos, fuentes, árboles, ropas, anillos, espadas, varitas mágicas, flautas, campanas, lámparas, velas, cajas y monederos que los conceden, la mayoría de ellos con alguna relación mitológica, como el casco de Plutón, el sombrero de Wotan y el monedero de Fortuna. El más importante de todos ellos a la hora de conceder deseos y hacer transformaciones es la varita mágica. Es el atributo de todos los magos y la gran transmisora de fuerza sobrenatural. El deseo tiene también connotaciones religiosas desde el momento en que acepta la eficacia de la plegaria. A un mago poderoso, un hada o una bruja les basta con desear una situación para que ésta se produzca y, cuando la magia es verdaderamente poderosa, puede transportar a las personas a sitios distantes sin su conocimiento o contra su voluntad, y traerlas a la presencia del mago o transformarlas bajo cualquier disfraz. Al tener relación directa con la magia, la concesión de los deseos encierra siempre algún peligro y ha de hacerse con suma discreción: los cuentos de hadas están llenos de ejemplos en los que un deseo absurdo ha producido un desastre o provocado una situación ridícula.
Hay una base moral que evita la petición de deseos egoístas que intenten moldear las cosas según nuestros caprichos infantiles o conveniencias personales, en vez de tener en cuenta las necesidades de los demás, las leyes de la naturaleza o la aceptación de las cosas tal como son. Esta actitud la censuró Thomas Traherne al decir: "Nunca disfrutarás del mundo plenamente hasta que consideres todo lo que hay en él tan tuyo que no puedas desearlo de otra forma".
 
Ilustración de Fritz Baumgarten para Frau Holle  (1938)
 
A este respecto, hay un cuento de los recogidos por los hermanos Grimm que me gusta mucho: Frau Holle (Madre Nieve, en castellano). Frau Holle fue el primer cuento sobre el que decidí trabajar por mi cuenta cuando inicié mi formación en cuentoterapia. Me llamó la atención de inmediato, aunque contiene muchos elementos que también están presentes en otras narraciones populares (la madrastra, las diferentes conductas de las dos hermanas que, obviamente, cosechan resultados distintos; el pasaje del mundo real a otro donde operan fuerzas mágicas, la figura de una anciana bondadosa a pesar de su aspecto desagradable, etc.). Entiendo que el cuento alberga múltiples símbolos y varios significados. Entiendo que, sobre todo, contiene información sobre el proceso de maduración de una persona que se adentra en las profundidades de sí mismo y trabaja (o no) para mejorarse. 
Pero, por hoy, mientras lo releo, me quedo con la idea de que si queremos “cubrirnos de oro”, es preferible no ir mucho más allá del momento presente, atendiendo las tareas cotidianas según se van presentando, sin obsesionarnos con el beneficio que, a largo plazo, puede reportarnos nuestro esfuerzo. Hacer lo que haya que hacer, por humilde y poco estimulante que parezca, y no dar por sentado que nos lo merecemos todo porque sí.
 
PD: Mientras buscaba información para escribir esta entrada, encontré este vídeo sobre una compañía de teatro infantil que busca financiación para un proyecto basado en el texto de "Madre Nieve". Me pareció muy interesante y por eso lo comparto, aunque no he podido localizar nada más sobre ellos en la red. Ojalá vean su sueño cumplido algun día. 


jueves, 13 de agosto de 2015

¿Para qué hemos nacido?

Ilustración de Ilonka Karasz para The Heavenly Tenants (1946) de  William Maxwell
 
Hoy he querido recuperar para vosotros un pequeño vídeo que me encantó hace unos meses, cuando lo vi por primera vez. Como para muchos  es época de vacaciones y tenemos más tiempo para escucharnos a nosotros mismos y a la vida, me ha parecido que lo que nos cuenta aquí el gran Pep Durán viene muy al caso. Especialmente para esta noche, cuando el cielo y la superstición popular nos brindan la ocasión de formular un montón de deseos. ¡Que no se os olvide desear algo importante!
 

domingo, 2 de agosto de 2015

El viaje

Ilustración de Louis Houpin para Peau d'Ane de Charles Perrault
(La maison du cahier, Béziers, c. 1940)

EL VIAJE

Un día supiste por fin
lo que tenías que hacer, y empezaste,
aunque a tu alrededor las voces
seguían gritando
sus malos consejos,
aunque toda la casa
empezó a temblar
y sentiste el antiguo tirón
en los tobillos.
“¡Arréglame la vida!”
gritaba cada voz.
Pero no paraste.
Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento hurgaba
con sus dedos rígidos
en las bases mismas,
aunque su melancolía
fuese terrible. Ya era bastante
tarde, y una noche salvaje,
y la calle llena de ramas
caídas y de piedras.
Pero de a poco,
mientras dejabas las voces atrás,
las estrellas empezaron a arder
entre las sábanas de nubes,
y había una voz nueva,
que lentamente
reconociste como tu propia voz,
que te acompañaba
mientras te adentrabas más y más
en el mundo,
decidida a hacer
lo único que podías hacer,
 decidida a salvar
la única vida que podías salvar.
"The journey", Dream work (1986)
-traducción de Sandra Toro-

 


miércoles, 29 de julio de 2015

Meterse en un jardín

Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ché la diritta via era smarrita. (...)

Siempre me ha gustado la locución "meterse en un jardín" para expresar que nos adentramos en vericuetos dialécticos confusos. Lanzo la hipótesis de que se trata de una reminiscencia de lo  que les ocurre a los personajes de los cuentos cuando entran en el bosque. Es decir, de lo que les ocurre cuando se pierden para encontrarse. Aquí os dejo algunas reflexiones al respecto, aprovechando que con este calor es más fácil vagar y divagar que centrarse:

Ilustración de Ellen Surrey (imagen procedente de
https://www.pinterest.com/pin/156640893265495487/)
"Al ir "donde le llevan sus piernas", el héroe (o la heroína) llega a un bosque oscuro e impenetrable. El bosque es un accesorio constante de la maga. Pero no solo: también en los cuentos en que falta la maga, el héroe o la heroína llegan inevitablemente al bosque. El héroe del cuento, sea el príncipe, la hijastra expulsada del hogar o el soldado desertor, se encuentra invariablemente con un bosque, y, además, en él dan comienzo sus aventuras. Este bosque no se describe nunca con más detalles. Es densísimo, oscuro, misterioso, un poco convencional, no del todo verosímil (...)".
 
"En muchos cuentos europeos, el hermano que parte hacia lo desconocido se encuentra pronto en un bosque oscuro y frondoso, en el que se siente perdido tras haber abandonado la vida segura del hogar paterno y sin haber construido aún las estructuras internas que se desarrollan únicamente bajo el impacto de experiencias vitales que, en cierto modo, tenemos que dominar por nosotros mismos. Desde tiempos inmemoriales, el bosque en el que nos perdemos ha simbolizado el mundo tenebroso, oculto y casi impenetrable de nuestro inconsciente. Si hemos perdido el marco de referencia que servía de estructura a nuestra vida anterior y debemos ahora encontrar el camino para volver a nosotros mismos, y hemos entrado en ese terreno inhóspito con una personalidad aún no totalmente desarrollada, cuando consigamos salir de ahí, lo haremos con una estructura humana muy superior (...)".
 
"El mundo es un bosque, en el que todos pierden su forma, aunque por camino diferente cada uno".
 George VILLIERS (1592- 1628)

 

domingo, 12 de julio de 2015

Una piedra en el camino...y algunos árboles

Imagen procedente de http://www.mistrucosparaeducar.com/

Me voy a caminar. En concreto, me voy a recorrer un trecho del Camino de Santiago, sobre el que, gracias a mis alumnos y a nuestras lecturas, soy casi una experta, como ya sabéis los que léeis el blog.  La  pena es el "casi", porque entre la teoría y la práctica seguro que habrá diferencias que pagaré con sudor y ampollas en los pies. Son las inevitables  piedras del camino (del Camino, en este caso) y me conformo con no tropezar dos veces con la misma.  Aparte de eso, también espero regresar  con algunas historias y puede que con unos pocos cantos rodados para decorarlos a mi regreso, como éstos de las fotos que veis aquí al lado. Sirven para crear historias y se pueden pintar o, si no se os da bien el dibujo, se les pueden pegar adhesivos. Son una versión rudimentaria de dados como éstos o de los Story Cubes de la marca Asmodee. Si afilamos la imaginación seguro que dan para mucho. 

Además de piedras, por supuesto, deseo encontrar a lo largo de la ruta muchos árboles (muchos, muchos, porque el sol de julio es furibundo) y eso me trae a la memoria el inventario de árboles mágicos que el escritor orensano Víctor González incluye en su libro El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles), una compilación de historias  que os recomiendo precisamente a modo de sacapuntas de la imaginación porque está lleno de ideas disparatadas y desenlaces insólitos. Ahí va la lista:
 
Los diez árboles mágicos
 
Los diez árboles mágicos son los siguientes:
El Falso Tugup de la isla de Manila. que da sombreros de paja perfectamente trenzados en distintas tallas.  
El Talingaham o Árbol Orejudo, que oye todo lo que se dice.
El Artocarpus, que da hogazas de pan bien cocidas.
El Nonoc, que no crece en la tierra sino en el aire.
El Pao de Ferro, una especie muy apreciada por los portugueses e imposible de talar.
El Sua, un tipo de Naranjo cuyos frutos son del tamaño de melones pero más pequeños.
El Árbol del Viajero de Madagascar que, como todo el mundo sabe, da agua potable.
El Silot, cuyas semillas de color azul tienen dentro un trozo pequeño de cielo.
El Buai, que da piedras y se utiliza en construcción.
Y por último, el Carraspiques Gigante, que no muere jamás y cuyas hojas cuando caen al suelo echan a andar y se van a descubrir el mundo.

miércoles, 1 de julio de 2015

La mejor estación

¿Es el verano el mejor momento del año?  Ummmm, no lo sé. Pero, al menos, sí es cierto que esta estación nos brinda la oportunidad de mirar con otros ojos lo que nos rodea, descansar de la rutina y renovarnos un poco a nosotros mismos. Por eso hoy he querido traeros una pequeña muestra de la obra de Olga Kvasha (Lutsk, 1976), una artista ucraniana a la que descubrí hace tiempo en uno de mis paseos virtuales.
Siempre me han gustado las láminas de botánica y de niña disfrutaba mucho con los libros de cuentos cuyas ilustraciones retrataban el paisaje con detalle, en las que se podían distinguir diversos tipos de flores y la forma de las hojas de los árboles. Todavía ahora puedo pasar horas entrenida con ese tipo de dibujos y por eso me encantan los cuentos ilustrados por Angela Barrett, aunque sean de un virtuosismo que a algunos les parece pasado de moda. Las pinturas de Olga, como las ilustraciones de la gran artista inglesa,  invitan a detenerse y a observar y eso supone un buen entrenamiento para la vida.
     
Olga Kvasha, THE SUN

Olga Kvasha, APPLES ON THE GRASS

Flores en primavera, la luna en otoño, una brisa fresca en verano, nieve en invierno. Si tu mente no está ocupada de cosas innecesarias, ésta es la mejor estación de tu vida.
Olga Kvasha, AUTUMN IN MY TOWN
 
Olga Kvasha, A WINTER SHELTER

martes, 23 de junio de 2015

Dos damas sanjuaneras

Pintura de Amanda Blake   

PEREGRINA Y NIÑOS

DORINA.—¿ Por qué llora Adela?
PEREGRINA.—Porque tiene veinte años… ¡y hace una noche tan hermosa!…

ANDRÉS.—En cambio, tú pareces muy contenta. ¡ Cómo te brillan los ojos!
PEREGRINA.—Es que no acababa de comprender la misión que me ha traído a esta casa… ¡y ahora, de repente, lo veo todo tan claro!
FALÍN.—¿ Qué es lo que ves tan claro?
PEREGRINA.—Una historia verdadera que parece cuento. Algún día, cuando seáis viejos como yo, se la contaréis a vuestros nietos. ¿ Queréis oírla?
NIÑOS.—Cuenta, cuenta… (Se sientan en el suelo frente a ella).
PEREGRINA.—Una vez era un pueblo pequeño, con vacas de color de miel y pomaradas de flor blanca entre los campos de maíz . Una aldea, tranquila como un rebaño a la orilla del río.
FALÍN.—¿ Como ésta?
PEREGRINA.—Como ésta. En el río había un remolino profundo de hojas secas, adonde no dejaban acercarse a los niños. Era el monstruo de la aldea.Y decían que en el fondo había otro pueblo sumergido, con su iglesia verde tupida de raíces y sus campanas milagrosas, que se oían a veces la noche de San Juan …
ANDRÉS.—¿ Como el remanso?
PEREGRINA.—Como el remanso. En aquella aldea vivía una muchacha de alma tan hermosa, que no parecía de este mundo. Todas imitaban su peinado y sus vestidos; los viejos se descubrían a su paso, y las mujeres le traían a los hijos enfermos para que los tocara con sus manos.
DORINA.—¿ Como Angélica?
PEREGRINA.—Como Angélica. Un día la muchacha desapareció en el remanso. Se había ido a vivir a las casas profundas donde los peces golpeaban las ventanas como pájaros fríos; y fue inútil que el pueblo entero la llamara a gritos desde arriba. Estaba como dormida, en un sueño de niebla, paseando por los jardines de musgo sus cabellos flotantes y la ternura lenta de sus manos sin peso. Así pasaron los días y los años…Ya todos empezaban a olvidarla. Sólo la Madre, con los ojos fijos, la esperaba todavía... Y por fin el milagro se hizo. Una noche de hogueras y canciones, la bella durmiente del río fue encontrada, más hermosa que nunca. Respetada por el agua y los peces, tenía los cabellos limpios, las manos tibias todavía, y en los labios una sonrisa de paz...Como si los años del fondo hubieran sido sólo un instante.
(Los niños callan un momento impresionados).
DORINA.—¡Qué historia tan extraña!… ¿Cuándo ocurrió eso?
PEREGRINA.—No ha ocurrido todavía. Pero ya está cerca…¿No os acordáis?…¡Esta noche todos los ríos del mundo llevan una gota del Jordán! 

 

 
Hoy es la Noche de San Juan y aprovecho para retomar la actividad del blog, después de varias semanas de trabajo absorbente. Ahora que se acabó mi substitución, se me hace raro disponer de tanto tiempo y me siento extrañamente culpable por no estar ya de pie a las seis de la mañana (ce n'est pas grave!, seguro que en un par de días se me pasa).  

Pero es la Noche de San Juan, como decía, y hay mucho que celebrar y bastantes trastos que quemar en la hoguera. Además, quería contaros que, este curso que acaba de finalizar, leímos, mis alumnos de 2º de ESO y yo,  La dama del alba, de Alejandro Casona. Me gustó mucho, durante varios viernes sucesivos, evocar la magia de la esta noche con los chicos. Ellos lo hicieron muy bien. Incorporaron a los personajes matices que éstos no tenían en el texto original (el abuelo fue un poco sordo y Falín ocasionalmente tartamudo, porque al chaval que lo interpretaba le pareció que su personaje salía poco y había que darle más protagonismo), pero, básicamente, se respetó el sentido de la obra y creo que casi todos apreciaron la atmósfera misteriosa, dramática y lírica que el autor supo crear.

Además, la lectura de este libro dio para hablar de muchas cosas: de fogatas y ritos, de fiestas locas y ligues de verano, de fantasmas, aparecidos y resignación ante la muerte. Se le podría haber sacado más jugo, desde luego, pero las urgencias del fin de curso -y el histerismo inherente- lo impidieron. Ojalá algún día pueda volver a trabajar con el texto de Casona. Me pareció muy adecuado para esta edad de grandes amores y desamores y en los que lo macabro resulta tan atractivo.

Algo que lamento no haber hecho en la explotación didáctica de La dama del alba es concluir la actividad con la visión de La joven del agua (2006), la película de Nitgh Shalaman -cuya traducción más exacta sería, curiosamente, "La dama del agua" (Lady in the water)-. En su lugar vimos una representación televisada de la obra, que, aunque correcta, considero que no aportó mucho a lo que ya habíamos observado durante la lectura en clase. ¿Por qué La joven del agua? Pues porque profundiza en uno de los temas tangenciales de la obra de Casona: cómo se forja una leyenda, cómo se crea una historia con retazos de verdad y elementos de fantasía. Las buenas historias, las que nos ayudan a vivir, no surgen de la nada. Hay un patrón y nos puede ser útil conocerlo a la hora de escribir cuentos y también de crear nuestras leyendas personales. De eso trata el film de Shalaman (del cual os dejo  el prólogo aquí abajo) y creo que hubiera sido un buen colofón.  En fin, como dijo aquél, la próxima vez me equivocaré mejor.


PD: ¡Que se os cumplan los deseos que pidáis al saltar sobre las llamas! ¡O no... y a ver qué pasa (seguro que puede dar para una buena historia)!