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| Ilustración de Tim y Greg Hildebrant para la portada de Biography of J. R. R. Tolkien, Architect of Middle-Earth de Daniel Grotta-Kurska (1976). "Ancho, alto y profundo es el reino de los cuentos de hadas y lleno todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables estrellas; belleza que embelesa y un peligro siempre presente; la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas. Tal vez un hombre pueda sentirse dichoso de haber vagado por ese reino, pero su misma plenitud y condición arcana atan la lengua del viajero que desee describirlo. Y mientras está en él le resulta peligroso hacer demasiadas preguntas, no vaya a ser que las puertas se cierren y desaparezcan las llaves (...)". J. R. R. Tolkien |
Blog personal sobre LIJ, álbumes ilustrados, experiencias lectoras y experimentos con las palabras.
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sábado, 25 de marzo de 2017
Día internacional de leer a Tolkien
sábado, 30 de abril de 2016
Quien bien te quiere te hará bailar
Ayer, 29 de abril, fue el Día Internacional de la Danza. Estaba tan cansada que no lo pude celebrar ni bailando en sueños, así que, para compensar, hoy le estoy dando al tema entre una colada y otra, mientras limpio la bañera, barro el suelo y friego los cacharros. Desde fuera parezco una loca, claro. Desde dentro, no. Desde dentro, bailar es lo más cuerdo que uno puede hacer en estos tiempos. Entre una canción y la siguiente, aquí os dejo algunas ilustraciones danzarinas que me gustan mucho. Ojalá os inspiren, os animen a soltaros y a dejaros llevar por el ritmo. Porque puede que no lo hagamos "bien" y puede parecer ridículo y tal vez demos risa, pero os prometo que vale la pena.
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Ilustración de Marta Altés
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domingo, 20 de marzo de 2016
Palabras mágicas
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| Ilustración de Laura Pérez (imagen extraída de: http://bibliocolors.blogspot.com.es/2015/02/contant-contes-illustracions-contando.html) |
Durante
mi tiempo de formación como cuentoterapeuta, he compartido talleres
con algunos (más bien algunas) cuentacuentos. Por mi contacto con
ellos (y ellas), creo que puedo afirmar rotundamente que no son gente
normal. Se nota enseguida. En cuanto llegan a un espacio y,
simplemente, callan y escuchan y siguen sin decir nada, hasta que,
por hache o por be, empiezan. Empiezan a explicar algo - una
historia, una anécdota, lo que sea- y, de pronto, es como si se
iluminaran. Captan la atención sin alzar la voz, vocalizan bien,
dosifican los silencios, las pausas, las vacilaciones, terminan el
discurso en el momento apropiado; nos dejan al resto sin palabras. Si
no sabéis a qué me refiero, o si lo sabéis y queréis deleitaros
un rato, os invito a ver el video que cuelgo a continuación. Lo que
hace Ana
Griott,
manteniendo a un grupo de adolescentes atentos, pendientes de lo que
dice, es magia de primera clase:
Imagino que, como en todo oficio, a los cuentacuentos les supone mucho tiempo y esfuerzo que lo difícil parezca fácil. Y se la juegan bastante, además. Solos frente al peligro, presentes al 100%, preparados para caer en el ridículo si no queda más remedio. Más de uno habrá que lo deje, espantado, y se haga contable -al fin y al cabo, es otra manera de contar-; o paracaidista, que también es arriesgado. Sin embargo, hay otros que insisten y de qué manera. Aquí os dejo un texto precioso de un cuentacuentos convencido, Alberto Sebastián, al que no conozco de nada, pero que ya me tiene atrapada en su hechizo:
Aunque la narración oral, por suerte, no es sólo cosa de profesionales. Malamente o con pericia amateur, todos podemos contar cuentos. Explicar historias graciosas, tremendas, cómicas, increíbles, dolorosas, medicinales. Todos lo hacemos con frecuencia, con tanta verdad como ficción pura y dura, que para algo somos únicos cada uno de nosotros y nuestros cristales de ver la vida. Por eso, hoy que es el Día Mundial de la Narración Oral, os propongo que contéis un cuento, al menos uno, basado en hechos reales o inventados, con la única condición de ser conscientes del peso, el color y el valor de cada palabra que salga de vuestros labios. A ver qué pasa. ¡Tal vez también se produzca ESA magia!.
viernes, 21 de febrero de 2014
“Quen conta un conto, acrescenta un ponto”
En el año 2000, la UNESCO proclamó el 21 de febrero como Día Internacional de la Lengua Materna. Se eligió esta fecha para conmemorar "las manifestaciones estudiantiles que tuvieron lugar en 1952 en Dhaka, capital del actual Bangladesh, y en las que varios participantes murieron en defensa de la lengua bangla para que se reconociera como uno de los dos idiomas oficiales del entonces Pakistán". En condiciones normales, no me parecería interesante mencionar este dato ni incluirlo en un post. Pero soy de Mallorca y profesora y por aquí llevamos una temporada terrible de retroceso en cuanto a política lingüística en el ámbito escolar.
No me voy a meter en el berenjenal de defender a unos u otros. En mi opinión, se ha entrado en una espiral de incomprensión mutua que resulta muy indigesta para los que, como yo, nos sentimos bilingües y consideramos que eso es algo que nos enriquece y enriquece nuestra vida. Madre no hay más que una, pero lenguas hay muchas y cuantas más mejor. Ya lo decía, con más gracia que yo, la escritora, recientemente fallecida, Joana Raspall:
(Traducción: - Cuando van a otro país, /¿cómo se entienden los pájaros?/ ¿Acaso cambian de lengua?/ -Se entienden ellos con ellos (entre ellos). /Nosotros, ¡menos mal que tenemos la escuela!/ y feliz el que ha aprendido/ junto a la lengua de nacimiento/ otra (más), o dos, o tres...).
Pues eso. ¿Por qué es tan complicado? ¿Por qué para sumar hay que restar? ¿Por qué tanto odio?. Que no cuenten conmigo ni para aplaudir declaraciones de políticos malintencionados e ignorantes, ni para engancharme banderitas en la ropa como si la educación fuera un partido de fútbol.
Y ya me he liado. Porque lo que yo quería contaros hoy es que hay un documental maravilloso, éste que os dejo más abajo, donde personas mayores, personas extraordinarias, relatan cuentos de nuestra tradición oral en sus respectivas lenguas maternas (castellano, gallego, catalán, euskera). Cuentos que, a veces, son el mismo cuento puesto que ese saber remoto formó parte durante siglos de nuestro imaginario colectivo -que es común porque todos somos humanos y a todos nos ocurren (y nos fascinan y nos enseñan y nos ayudan a crecer) las mismas cosas-. Como afirma José Mª Merino (un autor que, dicho sea de paso, me encanta): "El homo sapiens empezó a ser sapiens cuando empezó a contar ficciones. Empezó a entender el mundo a través de la ficción, inventando, por supuesto, historias fantásticas, maravillosas (...)".
En la página web de Naciones Unidas, en el espacio dedicado a este Día Internacional de la Lengua Materna, está escrito: "Las lenguas son los instrumentos más poderosos para preservar y desarrollar nuestro patrimonio cultural, tanto el tangible como el intangible. Todas las iniciativas dirigidas a difundir las lenguas maternas servirán no sólo para incentivar la diversidad lingüística y el multilingüismo, sino también para crear una mayor conciencia acerca de las tradiciones culturales en todo el mundo y promover la solidaridad basada en el entendimiento, la tolerancia y el diálogo".
Mirando "La memoria de los cuentos", una se pregunta qué será eso misterioso que nos separa y nos aisla y hace que nos sintamos enemigos. Serán las historias que nos contamos y nos cuentan, pero no los cuentos maravillosos, ni siquiera aunque los contemos en lenguas diferentes. Así que en este día, y en este contexto de falta de respeto por lo que nos une y por lo que nos distingue, me gustaría hacer un llamamiento para que sigamos contando cuentos, en el idioma que nos sea más querido, sea el que sea, porque, cuando todo ese ruido cese, la verdad profunda que hay en esas narraciones nos ayudará a entenderlo todo.
PD: “Quen conta un conto, acrescenta un ponto” es un dicho portugués que significa “Quien cuenta un cuento, tiende un puente".
Mirando "La memoria de los cuentos", una se pregunta qué será eso misterioso que nos separa y nos aisla y hace que nos sintamos enemigos. Serán las historias que nos contamos y nos cuentan, pero no los cuentos maravillosos, ni siquiera aunque los contemos en lenguas diferentes. Así que en este día, y en este contexto de falta de respeto por lo que nos une y por lo que nos distingue, me gustaría hacer un llamamiento para que sigamos contando cuentos, en el idioma que nos sea más querido, sea el que sea, porque, cuando todo ese ruido cese, la verdad profunda que hay en esas narraciones nos ayudará a entenderlo todo.
PD: “Quen conta un conto, acrescenta un ponto” es un dicho portugués que significa “Quien cuenta un cuento, tiende un puente".
viernes, 29 de noviembre de 2013
Aviones de papel
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| "Lectura" ilustración de Nicole Wong. Imagen procedente de http://bibliocolors.blogspot.com.es/2013/11/nits-dinsomni-noches-de-insomnio.html |
Cuando viajo, me pasa que en
algún momento, normalmente hacia el tercer día, la excitación de
estar en un lugar nuevo decae y deja paso a un sentimiento de
melancolía, casi de orfandad. Me siento cansada y fuera de lugar (fuera del hogar también) y me doy un poco de
pena.
Entonces sé que necesito una toma de tierra y a mí
las tomas de tierra me las proporcionan los libros. Dadme una larga
hilera de títulos, páginas y chifladuras que a alguien se le
ocurrieron y será como estar en casa. Por eso, contra esos momentos
de saudade (que es la nostalgia del terruño, por si alguien
no lo sabe), yo me busco mi aspirina: una librería calentita -o con
aire acondicionado, si es verano-, y allí me dan las tantas, leyendo
primeras páginas y cuentos enteros y versos de poetas de nombre
impronunciable. Es un viaje dentro del viaje para acordarme de quién
soy. Y una oportunidad de encontrar el tesoro que voy buscando
siempre por esos mundos.
Nunca regreso de unas vacaciones sin un
libro nuevo, sea en la lengua que sea. Es un pequeño ritual, que,
luego, semanas o meses después, concluye en mi cama, en una de esas
mañanas del fin de semana en que me digo “hoy me quedo aquí y
a la realidad que le den”. Hojear
o leer en la cama, con tiempo por delante, un libro que compré lejos
es, sencillamente, una de las cosas que más me gustan en la vida.
Los libros son un pasaporte, una alfombra voladora, y hoy, que es el día de las librerías, se me ha ocurrido que esas tiendas son para
mí como aeropuertos de donde salen aviones de papel que van de mi
casa a todo el mundo y de todo mundo a mi casa. Un lujo de
aeropuertos, sin policía ni Ryanair ni controles ni tonterías. ¡Larga vida a esos azafatos de vuelo que son los libreros de vocación, ancho cielo despejado y largas travesías sin turbulencias para ellos!.
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