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Ilustración de Arthur Rackham |
En cualquier versión de Cenicienta que se precie (y las hay a cientos), el trabajo duro es la antesala de una gran dicha, pero, como todo el mundo sabe, el destino de la protagonista no mejora por el buen y agotador desempeño de labores ingratas. Eso no le ocurre a nadie -aunque poder pagar las facturas siempre venga bien-. Lo que de verdad cambia las cosas es la magia.
Así que me he puesto a pensar dónde podría encontrar yo un poquito de magia en buen estado y barata, magia verdadera y no un sucedáneo, y como no veía por ahí nada parecido a un hada madrina a la que preguntar, se me ha ocurrido buscar en a la versión alemana de Cenicienta, la de los hermanos Grimm, para que me iluminara al respecto. Y esto es lo que he encontrado:
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Ilustración de Hanns Anker (1910) |
"(...) Celebró por entonces el rey unas grandes fiestas, que debían durar tres días, e invitó a ellas a todas las jóvenes del país para que su hijo eligiera la que más le agradase por esposa. Cuando supieron las dos hermanastras que debían asistir a aquellas fiestas, llamaron a la Cenicienta y le dijeron:
-Péinanos, límpianos los zapatos y ponles bien las hebillas, pues vamos a una fiesta al palacio del Rey.
La Cenicienta las escuchó llorando, pues las hubiera acompañado con mucho gusto al baile, y suplicó a su madrastra que se lo permitiese.
La Cenicienta las escuchó llorando, pues las hubiera acompañado con mucho gusto al baile, y suplicó a su madrastra que se lo permitiese.
-Cenicienta -le dijo-, estás llena de polvo y ceniza y ¿quieres ir a una fiesta? ¿No tienes vestidos ni zapatos y quieres bailar?
Pero como insistiese en sus súplicas, le dijo por último:
-Se ha caído un plato de lentejas en la ceniza, si las recoges antes de dos horas, vendrás con nosotras.
La joven salió al jardín por la puerta trasera y dijo:
-Tiernas palomas, amables tórtolas, pájaros del cielo, vengan todos y ayúdenme a recoger.
Las buenas en el puchero,
las malas en el caldero.
Entraron por la ventana de la cocina dos palomas blancas, y después dos tórtolas y por último comenzaron a revolotear alrededor del hogar todos los pájaros del cielo, que acabaron por bajarse a la ceniza, y las palomas picoteaban con sus piquitos diciendo pi, pi, y los restantes pájaros comenzaron también a decir pi, pi, y pusieron todos los granos buenos en el plato. Aun no había trascurrido una hora, y ya estaba todo concluido y se marcharon volando (...)". Fragmento extraído de: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/grimm/la_cenicienta.htm
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Ilustración de Walter Crane procedente de http://topillustrations.wordpress.com/2012/09/18/household-stories-by-grimms-illustrated-by-walter-crane/ |
Vale. Bien. ¿Qué tenemos aquí?. Pájaros, para empezar. Una ayudita llovida del cielo que acude en el momento oportuno, sólo, y sólo si, lo pedimos . Eso ya es una gran lección en mi caso, porque me cuesta pedir ayuda y soy capaz de mucho antes de decir "oye, yo con esto, sola, no puedo". Pero, ¿qué, exactamente, es lo que hacen las aves del cuento? Pues,...discriminar. Los pájaros, ayudan a la protagonista a diferenciar entre lo que alimenta (y, por tanto, va al puchero) y lo que debe ir al caldero (el recipiente de la transformación que solían usar las brujas para elaborar sus pócimas). Palomas y tórtolas, más específicamente, eran
aves consagradas a Afrodita en la mitología griega y se asociaban al amor y
a la unión de opuestos. No voy a entrar en un análisis sesudo, pero sí me gustaría apuntar que creo haber
comprendido esto: ante un trabajo desagradable, nada mejor que reconocer los propios límites, aceptar ayuda y, en la medida de lo posible,
hacer lo que hay que hacer con amor.
Ilustración de Jemma (Sungeun) Kang para Kongjwi and padjwi,
versión coreana de la Cenicienta |
Yo he tenido suerte, estas semanas pasadas, porque alguien me invitó a comer un día en que mi nevera estaba atravesada por telarañas. Y también porque otra persona dedicó media hora de su tiempo a enseñarme el manejo de un programa de ordenador que me ahorró horas de hacer medias con una calculadora tercermundista. He tenido suerte porque un compañero de trabajo me trajo a casa en coche una noche que salí tardísimo de una reunión. Y, además, porque al bedel de la escuela donde trabajo se le ocurrió dejarme en el casillero un cuento sobre la felicidad que me recordó lo que no hay que olvidar.
En estas semanas no me he hecho rica ni me he ligado a un príncipe, pero he tenido suerte. Suerte o una bandada de pájaros que han sabido cómo separar las cenizas de las lentejas. ¿Y si la magia fuera esto? ¿O si fuera darse cuenta y sentirse agradecida?. Como mínimo, es cierto que verlo así lo cambia todo.
PD: "Knock on heaven and listen to the sound" es un kōan que apareció en la etiqueta de un YogiTea y sobrevoló mi cabeza hasta hacer nido.
PD: "Knock on heaven and listen to the sound" es un kōan que apareció en la etiqueta de un YogiTea y sobrevoló mi cabeza hasta hacer nido.