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domingo, 4 de octubre de 2015

Cuento con dibujos


Ilustración para  Háblame de Marco Berrettoni Carrara (Autor), Chiara Carrer (Iltr.), Ed. Kalandraka, 2010.

"El álbum ilustrado es para mí un poseedor de misterio, sorpresa, emoción y sentimiento. Es un acto de valor contra la velocidad, para ir despacio, observar y escuchar nuestro mundo interior". 
Chiara Carrer 

 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Día de Acción de Gracias

Cuando era niña, tuve la fortuna de pasar tardes y tardes en una casa donde no había muchos juguetes, pero sí muchas cosas con las que poder jugar (lo cual es mejor, sin duda) y, entre éstas, había un abanico pequeño con un hada dibujada que se le aparecía a dos niños en un bosque. Durante mucho tiempo estudié esa imagen y pregunté a los adultos que me rodeaban sobre ella; me fascinaba. Un día, un señor ya mayor me confirmó que sí, que, en efecto, las hadas ayudan a encontrar el camino de vuelta a los niños que se pierden en el monte. De hecho, a él, muchos años atrás, le había pasado unas cuantas veces; aunque sólo cuando se había extraviado yendo a por leña, nunca cuando se había despistado jugando. También me contó que las hadas que él había visto, al contrario de la del dibujo, no llevaban varita mágica (ésa era justo la clase de detalles que me interesaban).

"Angel" ilustración de Anna Silivonchik
  imagen extraída de
 http://bibliocolors.blogspot.com.es/2013/12/angels-illustracions-danna-silivonchik.html
Más o menos cuando tenía 6 ó 7 años, me perdí. Tenía que ir a comer a una casa no muy lejos de la de mis abuelos y el camino, salvo por una bifurcación, era todo recto. Lo había hecho montones de veces, pero ese día algo pasó y me desorienté. Era un domingo al mediodía, no había un alma por la calle y empecé a asustarme; por suerte, cruzó por ahí una señora vieja, muy bajita, que hablaba en castellano (en mi pueblo de Mallorca eso no era muy frecuente, sobre todo en personas ancianas). Le conté lo que me ocurría y ella me acompañó hasta que encontramos la casa. Yo todavía ahora creo que esa mujer era un hada, entre otras cosas porque, cuando subí a la casa y expliqué lo sucedido y salimos a la puerta para darle las gracias, ella ya no estaba (eso de esfumarse es muy de hada, ¿no?). Además, durante la comida di datos sobre la señora, pero ninguno de los presentes pudo identificarla en el censo de viejas-bajitas-que-hablan-en-castellano del pueblo y yo nunca más la volví a ver.

He contado esto porque hoy, otra vez, es mi cumpleaños y quiero aprovechar la celebración para agradecer éste y otros regalos “de las hadas” que he recibido a lo largo de mi vida.
Por ejemplo, sin ir más lejos, quiero dar las gracias a las personas que siguen este blog, o que lo leen ocasionalmente, y me transmiten sus comentarios en público o en privado. Es un detalle que dediquen algo de su tiempo a conversar con una desconocida (o con una faceta más o menos desconocida de mí). Muchas gracias a Laura por el cuento que me hizo llegar, “Pedra”, y del cual algún día subiré aunque sea un fragmento para que todos podáis leerlo (si a ella le parece bien); gracias a Mayti por invitarme a colaborar en Yo aprendí a leer... -un blog, por cierto, original y con contribuciones estupendas (¡a ver yo ahora qué explico!)-. Gracias a Ciudadano Ken, a Lady Incógnita, a los lectores que han publicado sus comentarios anónimamente y a los que me dais feedback en vivo y en directo.

La verdad es que pienso que seguiría escribiendo aunque no me leyera nadie, porque escribir para mí es como estar en casa. Pero, a veces, claro, es inevitable sentir desánimo, pereza o cansancio. Así que cuando descubro que, contra todo pronóstico, alguno de vosotros me ha leído es como si me acompañarais de regreso al hogar desde el corazón de un bosque a oscuras. Infatti, es exactamente como me lo contaron de niña: cuando te pierdes haciendo lo que debes, lo que te corresponde, es posible que las hadas aparezcan para echarte un cable. ¡Muchas gracias a todos vosotros por ser mis hadas protectoras en esta aventura! ¡No os esfuméis, ¿eh?!.


PD: En cada taller de mi formación en Cuentoterapia, nos recomiendan decenas de libros de todo tipo. Por desgracia, aún no he logrado ganar el sueldo Nescafé, así que tengo que elegir cuidadosamente mis adquisiciones. El álbum que me gustaría recomendaros hoy es el  primero que compré (no lo dudé ni un segundo). Se titula Muchas gracias (Ed. Kalandraka, 2013), está escrito por Isabel Minhós Martins e ilustrado por Bernardo Carvalho. Es un pequeño cuento sencillo y precioso y después de leerlo -o de que os lo lean- probablemente sentiréis que todos los encuentros (y hasta los encontronazos) valen la pena en esta vida.

viernes, 31 de octubre de 2014

Estirar la pata

Ilustración de Babette Cole para Estirar la pata o cómo envejecemos  
extraída de
http://www.lagallinapintadita.com/2014/09/hoy-leemos-estirar-la-pata-o-como.html
Escribir e ilustrar una obra sobre la muerte destinada al público infantil no es fácil porque los adultos no sabemos nada relevante sobre el tema, no comprendemos cómo funciona exactamente, salvo que puede suceder sorpresivamente o no y que es ineludible. Y eso es, más o menos, lo mismo que entendimos cuando supimos de ella por primera vez, así que es uno de los pocos asuntos en los que un autor de libros infantiles no tiene apenas ninguna ventaja con respecto a los lectores. Por mucho que se documente, y aunque opte por llevar a cabo sesiones de espiritismo, cualquier cosa que diga al respecto no dejará de tener carácter exploratorio. La muerte es un gran misterio y es de agradecer que, de un tiempo a esta parte, proliferen obras que honran dicho misterio y tratan de ofrecer algún consuelo sin caer necesariamente en el tópico del “ahora-el-abuelo-vive-en-una-estrella”. Recomiendo a este respecto La caricia de la mariposa (Ed. Kalandraka, 2008), un cuento delicado y hermoso de Christian Voltz, quien también ha realizado los collages con materiales reciclados que lo ilustran. Veréis que la historia es emocionante y tierna y pone de relieve nuestra bendita incapacidad de aceptar que quien amamos se vaya para siempre.

Ilustración de Christian Voltz para La caricia de la mariposa
Pero, sobre todo, en memoria de Javi, mi padrino, que se fue hace unos años cuando aún era joven, me gustaría sugeriros la lectura de un cuento que me parece muy gracioso (Javi tenía un sentido del humor que todavía me hace reír ahora cuando recuerdo conversaciones que mantuvimos, así que nada de ponerse muy solemnes ni melancólicos). La obra, en castellano, se titula Estirar la pata o cómo envejecemos (Ediciones Destino, 1996) y su autora es Babette Cole. El argumento desarrolla la respuesta que dos abuelos que han aprendido a reírse de sí mismos dan a sus nietos cuando éstos les preguntan por su obvia decrepitud. Leedlo, os gustará. Es ligero, es divertido; el texto está lleno de ocurrencias y las ilustraciones tienen efectos antidepresivos. En realidad, lo que os aconsejo es empezar por este libro y luego leeros todos los demás de Babette Cole, porque cuando nos da por pensar en agujeros negros y abismos insondables de nada, el mejor antídoto es la comedia y en eso Babette es un genio.

NOTA: Por ser hoy víspera de Todos los Santos, un pequeño apunte sobre los fantasmas: a veces, las personas a las que queremos, aunque ya no estén de este lado, nos mandan mensajitos. Tal vez lo hayáis experimentado. A mí me acaba de ocurrir. Y es que estaba terminando de escribir esta entrada cuando me he acordado de que una de las últimas ocasiones en que Javi y yo nos vimos estuvimos mirando el video de un concierto de Queen. Eso ha hecho que me entraran ganas de escuchar una canción del grupo y, extrañamente, porque no es de las más conocidas, he tropezado con ésta. De manera que, en fin, creo que mi padrino nos dice que, ya que estamos aquí y la muerte no tiene remedio, podemos, mientras tanto, aceptar "esa cosa pequeña y loca llamada amor" como animal de compañía.