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| Little Red Riding Hood - Ilustración de Kiri Leonard
Mira: a punto estás de penetrar en el bosque.
Vas a dejar la casa blanca de la cima,
tan plácida, tan llena de música y sosiego,
y ahí te espera el bosque impenetrable.
Irremediablemente deberás cruzarlo:
el bosque que desciende por ladera escabrosa,
el bosque en que no hay nadie
y el bosque en el que puede haber de todo,
el bosque de humedades venenosas,
morada de lo negro
y de una luz que enturbia la mirada,
Entra en él con cuidado y sal sin prisas,
mas nunca se te ocurra abandonar la senda
que desciende y desciende y desciende.
Mira mucho hacia arriba y no te olvides
de que este tiempo nuestro va pasando
como la hoz por el trigo.
Allá arriba, en las ramas,
no hay luces que te cieguen si es de día.
Y si fuese de noche,
la negrura más honda la sierran faros ciertos.
Todo lo que está arriba guía siempre.
Mira, te espera el bosque impenetrable.
Recuerda que la senda que lo cruza
la senda como río que te lleva
debe ser dulce cauce y no boa untuosa
que repta y extravía en la maraña.
Que te guíe la música que dejas
la música que es número y medida
y que más alta música te saque
al fin, tras dura prueba a mar de luz.
Los silencios de fuego, Tusquets Editores, 1992
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Blog personal sobre LIJ, álbumes ilustrados, experiencias lectoras y experimentos con las palabras.
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domingo, 10 de enero de 2016
El bosque en el que puede haber de todo
sábado, 31 de enero de 2015
Ese lobo feroz (y musical)
Con la experiencia aún reciente de mi
último taller en Cuentoterapia (un taller sobre sexo en los cuentos
bastante alejado de los tópicos), he decidido rescatar uno de los
textos que escribí el verano pasado -cuando tenía tiempo para estas
cosas mundanas-. Espero que os suene bien:
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| Ilustración de Xavière Devos |
Hay un sinfín libros en los que se afirma que un deseo compartido por muchas mujeres es querer que venga un Príncipe Azul a rescatarlas. No creo que sea del todo cierto: en mi círculo inmediato, mis amigas y yo misma preferimos que los príncipes sean de otros colores; o, si son pitufos, al menos que no sean príncipes, no vaya a ser que nos pidan que calcemos zapatos de cristal, con lo bien que se va en chanclas. En cambio, de lo que sí tengo testimonios fehacientes es de la atracción que sobre muchos varones ejerce Caperucita Roja, un fenómeno del que se habla menos pero que ha dado lugar a innumerables manifestaciones artísticas (y manifestaciones a secas también). Hoy quiero centrarme en las musicales -aunque aprovecho para recomendaros la película En compañía de lobos, (Neil Jordan, 1984), si la encontráis en alguna parte-.
La historia de Caperucita, como todos los cuentos maravillosos -y a pesar de los esfuerzos recurrentes por simplificar el desarrollo y el significado del texto- presenta numerosos símbolos y lecturas posibles (véase El maravilloso mundo de los cuentos de hadas y su simbología, páginas 15 a 30). Sin embargo, la interpretación más común y evidente gira en torno a la menarquía y a las consecuencias que la llegada de la pubertad puede acarrear para una muchacha inexperta si ésta elige "el camino equivocado". Las canciones sobre Caperucita destinadas al público infantil respetan habitualmente esa intención didáctica. Un ejemplo de ello sería este tema , en francés, que explica el cuento en primera persona (no hay que pedirle mucho desde el punto de vista musical) o éste que la célebre cantante italiana Mina incluyó, en los años 70, en una colección de álbumes para niños.
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| Ilustración de Beatriz Martín Vidal |
Pero cuando nos apartamos de lo estrictamente infantil, el foco de atención se desplaza y es fácil comprobar como abunda, sobre todo en el imaginario masculino, la identificación con el lobo. Ese pobre lobo feroz que, fiel a su naturaleza, sólo pretende devorar un pedazo de carne tierna.
En el panorama internacional, y sin ánimo de hacer un recuento exhaustivo, encontramos este tratamiento del asunto en, por ejemplo, Little Red Riding Hood de Sam the Sham and the Pharaohs, una banda fundada en 1963 por Domingo Samudio (Sam the Sham) -un autentico personaje, dicho sea de paso-. Con esta composición, el grupo obtuvo cierta notoriedad en 1966, hasta el punto de que, en su día, se hicieron adaptaciones en otros idiomas. La letra, como podéis verificar en el video, nos muestra a un lobo rendido a los encantos de Caperucita:
Hey there Little Red Riding Hood
You sure are looking good
You're everything that a big bad wolf could want.
En esos mismos años, en Francia, el cantante melódico C. Jêrome se dio a conocer con Le petit chaperon rouge est mort (1967) , una canción sobre la melancolía que provoca el fin de la inocencia - representada por Caperucita, claro-. Y del mismo país, menos melodramática y más actual, es esta otra versión del cuento, en la que Yo (el cantante se llama así), simpatiza con el lobo y advierte en el estribillo de que las niñas ya no son ingenuas como solían ("Méfie-toi, méfie-toi, les filles petites rouges qu'on trouve dans les bois ne sont plus comme avant").
Incluso en japonés podemos encontrar un acercamiento musical al sufrido amor del lobo por la joven vestida de rojo en The Wolf that Fell in Love with Little Red Riding Hood , un tema pop que emociona a los aficionados al manga.
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| Ilustración de Kasia Jackowska extraída de http://www.jackowska.ch/little-red-riding-hood/ |
En la música en español, tenemos también varios lobos enamorados y/o rijosos. El primero que me viene a la cabeza es el Lobo López (1992) de Kiko Veneno. Es mi favorito: un lobo bueno que ha hecho propósito de enmienda (No puedes negarme/tu frasco de amor/He entrenado duro/Ahora estoy dispuesto/ a comerte mejor), aunque incapaz de comunicarse con su amada. Pero, antes, estuvo la Caperucita feroz de La Orquesta Mondragón (1980) -"Hola, mi amor, yo soy el lobo, quiero tenerte cerca para oírte mejor"- que es la madre del invento, el origen de una saga en la que habría que terminar incluyendo Tú lo que quieres (es) que te coma el lobo (2013), de Papa Joe y Foncho, una pieza de reaggeton que ilustra bien la permanencia y evolución del arquetipo.
Y por el camino (de agujas o alfileres), a mí me gustaría destacar Caperucita Roja del grupo Ilegales. No por nada, son muy brutos; pero considero que su acercamiento al tema, además de irreverente, es fiel al espíritu del relato original (me refiero al original anterior a Charles Perrault). Y, por otra parte, así aprovecho para dedicarle esta entrada a P., un antiguo compañero de trabajo -por lo demás, simpatiquísimo- que solía acercarse a los corrillos de profesoras canturreando otra canción de la banda; concretamente, ésa que dice: "Oye, tú, tú que me miras: ¿es que quieres servirme de comida?" (¿sería cosa del subconsciente lobuno?).
PD: Ya veis que Caperucita y el lobo, la abuela y el cazador forman un gran equipo en nuestro disco duro. Prueba de ello es el caudal enorme de versiones de su historia que aún hoy se siguen publicando. Si os interesa, aquí encontraréis una selección muy completa y actualizada de las mejores. Para degustar entre aullidos y flores.
PD: Ya veis que Caperucita y el lobo, la abuela y el cazador forman un gran equipo en nuestro disco duro. Prueba de ello es el caudal enorme de versiones de su historia que aún hoy se siguen publicando. Si os interesa, aquí encontraréis una selección muy completa y actualizada de las mejores. Para degustar entre aullidos y flores.
jueves, 15 de mayo de 2014
Todo asusta
Nos asustamos de todo. Por todo y por nada (que casi son la misma cosa). Nos asusta el lobo, el bosque y la abuela. Nos olvidamos de que este paseo es un regalo, de que el campo está precioso y llevamos un tarro de mermelada en la cesta. Se nos pasa mayo, con sus flores, en un vuelo.
Menos mal de Gloria y sus palabras quitamiedos.
Menos mal de Gloria y sus palabras quitamiedos.
Todo asusta
| Ilustración de Ana Terra Imagen extraída de http://bibliocolors.blogspot.com.es/2011/01/caputxeta-roja-illustrada-caperucita.htm |
Asusta querer mucho y que te quieran.
Asusta ver a un niño cara de hombre,
asusta que la noche…
que se tiemble por nada,
que se ría por nada asusta mucho.
Asusta que la paz por los jardines
asome sus orejas de colores,
asusta porque es mayo y es buen tiempo,
asusta por si pasas sobre todo,
asusta lo completo, lo posible,
la demasiada luz, la cobardía,
la gente que se casa, la tormenta.
los aires que se forman y la lluvia.
Los ruidos que en la noche nadie hace
–la silla vacía siempre cruje–,
asusta la maldad y la alegría,
el dolor, la serpiente, el mar, el libro,
asusta ser feliz, asusta el fuego,
sobrecoge la paz, se teme algo,
asusta todo trigo, todo pobre,
lo mejor no sentarse en una silla.
Gloria Fuertes, Poemas del suburbio
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